
Ahora que el año 2025 toca a su fin, el BWNS echa una mirada retrospectiva a las actividades de la comunidad mundial bahá’í para fomentar un mundo más armonioso.
CENTRO MUNDIAL BAHÁ’Í — En un momento en el que todas las sociedades del mundo se afanan por hallar nuevas vías de futuro, el estruendo de la división puede parecer más fuerte que nunca, empujando a las personas a tomar partido y a trazar líneas divisorias. No obstante, en numerosos contextos, innumerables relatos de resiliencia y de esperanza revelan otra posibilidad, una posibilidad basada en el creciente reconocimiento de nuestra humanidad común. El Servicio Mundial de Noticias Bahá’ís (BWNS por su sigla en inglés) repasa algunas de las noticias que cubrió en el 2025, ofreciendo una muestra de las iniciativas llevadas a cabo en innumerables contextos, en los que de manera silenciosa están surgiendo nuevos modelos de vida.
Una nueva historia en proceso
Una nueva historia está tomando forma, de manera serena y paciente, gracias a la labor de personas que aprenden, en su vida cotidiana, a caminar por un sendero de servicio juntos.
Ken Bowers, miembro de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de los Estados Unidos, hacía esta reflexión: «No sabemos qué hacer a menos que conozcamos la historia de la que formamos parte [...] somos parte de la historia de la evolución de la humanidad hacia su madurez».
En un foro a nivel nacional celebrado en México capital, se hizo un comentario similar sobre la necesidad de «encontrar fórmulas diferentes para relacionarnos unos con otros que no alimenten los ciclos de violencia» y para reforzar el «sentido comunitario».
Estas reflexiones apuntan hacia un relato mucho más amplio, el prolongado proceso de maduración de la humanidad, expresado no por medio de acciones grandiosas sino en el movimiento continuo del aislamiento hacia la comunidad, donde las personas aprenden a afrontar las dificultades juntas en lugar de como individuos impotentes ante los problemas que los rodean.
En España, en medio de un período de crisis, Shirin Jiménez describió cómo «la devastación material y emocional» vino acompañada de algo de luz: el dejar a un lado los hábitos del individualismo y el descubrimiento de una capacidad de un genuino apoyo mutuo. En las secuelas de los incendios que devastaron la zona de Los Ángeles, Kalim Chandler señaló lo fácil que es asumir que los desastres sacan a la luz el egoísmo, pero sucedió todo lo contrario: «La generosidad se hallaba por doquier», y se convirtió en una profunda fuente de esperanza.
Los jóvenes se afanan por la coherencia
El hábito de aprender a servir juntos, que se afianza cada vez más en la vida diaria, constituye ese espíritu de servicio que se manifiesta en momentos de dificultad. Los jóvenes que sirven, reflexionan y estudian llevan ese espíritu a cada esfera de la vida.
En el Reino Unido, unos sesenta jóvenes de diferentes confesiones religiosas se reunieron para analizar las dimensiones más profundas de la acción a favor del clima. Los participantes del taller examinaron la forma en que los jóvenes, cuando se los empodera y se los considera protagonistas activos en lugar de receptores pasivos, pueden impulsar eficazmente el cambio social. La Oficina de Asuntos Públicos del Reino Unido destacó la necesidad de integrar los principios morales y espirituales en los diálogos sobre la acción climática para que se produzca un cambio duradero.
En todo el mundo, los jóvenes están redefiniendo el propósito de sus vidas, un proceso en el que el servicio a la humanidad se convierte en el principio organizador fundamental que da coherencia a todos los aspectos de la vida.
La Oficina de Bruselas de la Comunidad Internacional Bahá’í (CIB) señaló que la experiencia obtenida mediante las labores de construcción de comunidad en Europa dan fe de que tanto los jóvenes como sus comunidades se desarrollan plenamente cuando se considera a los jóvenes como protagonistas capaces de contribuir a la mejora de la sociedad.
«Lo que distingue al período de la juventud de otras etapas de la vida son la valentía, la flexibilidad y la energía, junto con el afán de crear un cambio social», comentó Roeia Thabet, miembro de la Oficina de Asuntos Públicos de los Emiratos Árabes Unidos con ocasión de la 2º 2ª Conferencia Internacional sobre el Diálogo de Civilizaciones y la Tolerancia celebrada en Abu Dhabi.
Unos quinientos jóvenes de veintidós países de Europa del Es Bucarest (Rumanía) para estudiar cómo intensificar sus esfuerzos para ayudar a la mejora de sus sociedades. Un participante describió el servicio a la sociedad y la educación como un medio para promover la nobleza, la amabilidad, la empatía y la confianza, convertirse en «artesanos de la paz» a través de ese conocimiento que no solo transforma lo que sabemos sino también cómo vivimos.
Un diálogo sobre las Islas Canarias puso de relieve que la coherencia surge cuando se sitúan en el centro el servicio, las relaciones y los valores, lo que permite que «nuestra verdadera naturaleza» cobre vida en las elecciones prácticas y en la conducta diaria.
Este afán de coherencia también se manifiesta cuando los jóvenes comienzan a considerar su profesión como campo de servicio, planteándose la ciencia y la religión como dos vías de conocimiento en armonía y permitiendo que esa armonía oriente las cuestiones que se plantean y las elecciones que realizan.
En un episodio de podcast sobre la Asociación de Estudios Bahá’ís de Canadá, una participante, Andrea Robinson, reflexionaba sobre la idea de que cuando se acepta que el ser humano es material y espiritual, se empieza a vislumbrar nuevas formas de plantearse los desafíos profesionales.
Un sentido constante de pertenencia
En todo el mundo, a medida que se consolida el espíritu de servicio, se hace visible el cambio en la forma en que las personas hacen frente a las dificultades. Cuando surgen los problemas, ya no se preguntan «¿cómo salgo de esto?», sino más bien «¿cómo podemos afrontarlo juntos?».
Desde Australia llegó una observación reveladora: la sociedad modela frecuentemente a las personas de una manera individualista, sin embargo en ciertos lugares esta cultura comienza a cambiar. Hari Remala, quien sirve en una agencia bahá’í a nivel local, afirmó que «se puede lograr mucho más cuando las persdonas cooperan».
Estas experiencias son la prueba de una nueva conciencia, de un sentido de comunidad que acompaña a cada persona dondequiera que vaya. Como señaló Hoda Mahmoudi, titular de la Cátedra Bahá’í para la Paz Mundial: «Cuánto más nos abrimos hacia el exterior y colaboramos con los demás, mejor comprendemos el significado de nuestra humanidad común».
Una nueva concepción de la familia
Estas nuevas formas de expresión del sentimiento de pertenencia están transformando además la vida familiar. Las familias se replantean no como hogares solitarios, sino como redes de apoyo que colaboran codo con codo.
En Kiribati, Quddus Akura Terubentau, miembro de la Oficina de Asuntos Externos, describrió la forma en que las familias aprenden a tomar decisiones conjuntamente y a apoyarse unas a otras en pie de igualdad, creando con ello nuevos modelos que influyen de manera natural en la vida fuera del hogar.
En un diálogo entre miembros del Cuerpo de Consejeros de Asia se pudo ver claramente cómo los vecinos son testigos de ese cambio cuando ven que los padres no solo se ocupan de lo material, sino que también se involucran activamente, junto con las madres, en la educación moral de sus hijos.
En un nuevo documental disponible en la página web Bahai.org, titulado «Expresiones de la igualdad en el seno de la familia», se analiza el nexo entre la unidad en la familia y la sociedad en general a través de las experiencias de un grupo de familias de Nueva Delhi: «Cuando existe unidad en nuestra familia, podemos formar una comunidad [...] solo entonces puede expandirse su luz por todo el mundo», afirmó un joven.
Un anhelo compartido de reconstruir
Lo que está generándose en incontables lugares del planeta es algo más que cooperación. Cuando las etiquetas se van desvaneciendo, lo que queda al descubierto es el anhelo compartido de construir un mundo mejor.
En Etiopía, las reflexiones de los jóvenes sobre la identidad apuntaban a una comprensión emergente: que más allá de la etnia, la nacionalidad, la religión o el género, las personas poseen una identidad noble por naturaleza que trasciende estas limitaciones.
Un nuevo diálogo realizado en Uzbequistán reunió a autoridades, comunidades religiosas y agentes sociales para examinar los valores compartidos en una sociedad justa y armoniosa. Tatyana Klemyonova, miembro de la Oficina de Asuntos Públicos del país, comentó: «En el fondo de las divisiones de hoy día se halla una crisis de identidad. Las enseñanzas bahá’ís proporcionan otra vía: una identidad espiritual que considera a la humanidad como una sola familia».
Este anhelo de reconstrucción encuentra su expresión en la renovación de la relación de la humanidad con la naturaleza. En Colombia, en un nuevo documental realizado por la FUNDAEC, se analiza la forma en que un proyecto inspiró a muchas personas a reconectarse con la tierra y a redescubrir la alegría de cultivar.
Redefinir el liderazgo
En esta labor, la noción misma de liderazgo se replantea como una responsabilidad sagrada, un acto de servicio humilde.
En Kazajistán, durante el VIII Congreso de Dirigentes de Religiones Mundiales y Tradicionales, surgió la cuestión que reta los supuestos sobre los que se consolidan muchos acuerdos sociales: «A menudo consideramos la competición como algo necesario para el progreso. Pero ¿en qué medida nos anima a nos mueve a [...] apoyar a nuestros congéneres para que todos prosperemos?», se preguntaba Alinur Sabit, secretario de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de ese país.
Una conferencia histórica celebrada en Malasia reunió a los jefes tradicionales Orang Asli, conocidos como tok batin, para replantearse el liderazgo como servicio. Al-Shahin Deraoh, tok batin del pueblo Chang Baru, señaló que el objetivo del foro es que «nosotros consideremos en profundidad y dialoguemos sobre el desarrollo de nuestros pueblos, tanto espiritual como materialmente».
El empeño por establecer un instituto de educación secundaria en Katuyola, una localidad de Zambia, ofreció un ejemplo de cómo puede ser el liderazgo como servicio a nivel local: las mujeres, deseosas de ayudar, decidieron hacer lo indecible para establecer un instituto de educación secundaria en su localidad, un ejemplo de proyecto a largo plazo realizado mediante la unidad y la determinación gracias a la colaboración entre las instituciones, la comunidad y los individuos.
Cultivar la armonía social
Dondequiera que las personas se reúnen para aprender, decidir y construir, se descubren como protagonistas de una historia conjunta de progreso.
Mediante foros organizados por la Oficina de Asuntos Externos de Brasil, diversos actores sociales han ido superando los puntos de vista institucionales, instilando esperanza a través del diálogo y de la revisión de los fundamentos de la justicia y del progreso social. En una publicación de los bahá’ís de Chile se analizaba la importancia de revisar la identidad humana basándose en la unidad de la humanidad como elemento esencial para el progreso social básico. Los miembros de la Oficina de Asuntos Públicos de los Bahá’ís de Kazajistán debatieron sobre la investigación colectiva de los principios espirituales que con el paso del tiempo está promoviendo la armonía social.
En los foros internacionales, las aportaciones de la Comunidad Internacional Bahá’í continuaron enfatizando que la paz no consiste simplemente en la ausencia de conflicto, sino en la presencia de la justicia y en el reconocimiento de la unidad de la humanidad. En la presentación de la publicación de la Comunidad Internacional Bahá’í Colaborar plenamente, Bani Dugal señaló que el compromiso de la comunidad bahá’í con la igualdad entre mujeres y hombres se basa en la creencia de que todos los seres humanos son creados para llevar adelante una civilización en continuo progreso y que la igualdad de mujeres y hombres es un requisito previo para la paz. Estas ideas fueron analizadas con mayor rigor en una declaración de la Comunidad Internacional Bahá’í ante la 69.ª sesión de la Comisión de las Naciones Unidas sobre la Condición Jurídica y Social de las Mujeres.
En un episodio de podcast, los representantes de la Comunidad Internacional Bahá’í examinaron la unidad e interdependencia en la gobernanza. Una nueva declaración de la CIB propuso principios que podrían constituir la base para las políticas de la Unión Europea destinadas a combatir las causas de las fracturas sociales. La delegación de la CIB ante la Segunda Cumbre Mundial para el Desarrollo Social destacó la necesidad de reformular el desarrollo como una empresa colectiva. En una declaración dirigida a los jefes de Estado y de Gobierno africanos y europeos, la Comunidad Internacional Bahá’í hizo hincapié en las implicaciones de la interdependencia basada en la unidad de la humanidad y pidió que se ampliara el concepto de progreso social de modo que se valore la contribución de cada individuo y se redefina el desarrollo como una empresa colectiva. Una nueva declaración de la oficina de Addis Abeba de la CIB analizó la acción interconfesional unificada a la hora de resolver los retos del continente africano y fomentar el progreso espiritual y material.
Refugios de paz
De esta labor surgen refugios de paz, destellos de nuevos modelos de vida que las personas aprenden a través de la colaboración.
Este año, la Casa Universal de Justicia anunció los planes para un nuevo templo nacional bahá’í que se construirá en Filipinas. La construcción de este nuevo templo promueve la visión del propósito de las Casas de Adoración bahá’ís, que irradian vitalidad espiritual y sirven como el centro focal de la vida comunitaria.
Los proyectos artísticos también reforzaron la fe en la generosidad de amigos y de extraños por igual. Al reflexionar sobre el festival de arte organizado en la Casa de Adoración bahá’í de Langenhain (Alemania), Karin Dimitrious, directora del templo, describió el ambiente «que te llena de esperanza». Y añadió que: «El arte tiene un enorme poder para crear lazos entre las personas».
Una historia excepcional se despliega en las páginas de un volumen de reciente publicación de The Bahá’í World. Es el relato de millones de personas de todo el mundo que aprenden a realizar aportaciones al progreso espiritual y social de sus sociedades.
Una labor de generaciones
Construir estos refugios de paz exigirá los esfuerzos de muchas generaciones y esta labor generacional halla su expresión más vívida en la tierra natal de la Fe bahá’í.
Dos episodios de podcast (Parte 1 y Parte 2) repasan cómo desde finales del siglo XIX, la comunidad bahá’í de Irán en sus inicios desarrolló gradualmente nuevos patrones de cooperación, de toma de decisiones y de servicio, que contrastaban fuertemente con las normas jerárquicas de la época.
Un simposio organizado por los bahá’ís de los Estados Unidos invitó a los participantes a estudiar juntos la forma en que los relatos históricos basados en la unidad y en la justicia podían abarcar las dolorosas realidades del país y las aspiraciones comunes en el mismo marco: extender el sentido de pertenencia colectiva al tiempo que se pide a cada individuo que ejerza un papel constructivo en la Historia que se está desarrollando en la nación.
Un futuro esperanzador
En el centenario de un edificio histórico en la calle Haparsim, vecinos, artistas, dirigentes religiosos y autoridades se reunieron, creando lo que algunos definieron como un destello de paz.
Más de trece mil personas de diferentes procedencias disfrutaron de la iluminación de las terrazas que conducen al Santuario del Báb en el Monte Carmelo como parte de la actividad de «Las Terrazas de noche».
Un encuentro para celebrar los Ayyám-i-Há reúne a setenta y cinco invitados de diversas comunidades sociales y religiosas de la zona de ‘Akká, dando realce a nuestra humanidad común. Un visitante contó cómo volvía cada vez a una experiencia sencilla: «Cada vez que vengo aquí es como poder recordar lo que es sentir paz, alegría y amor. Es tan fácil olvidar en este mundo, no porque no exista, sino porque hay demasiadas cosas que tratan de hacer que lo olvidemos».
Campeón de la paz
En su empeño por crear sociedades más pacíficas, muchos obtienen inspiración de la vida de ‘Abdu’l-Bahá como heraldo de la paz. En estos momentos, conforme avanzan las obras de Su Santuario, este se yergue como una amable invitación a promover espacios inclusivos de objetivos comunes.
El proyecto de construcción del Santuario de ‘Abdu’l-Bahá provee un destello del espíritu de colaboración que da forma a este proyecto histórico. «Tenemos judíos, árabes cristianos, árabes musulmanes, drusos y todos se han cobijado bajo un mismo techo, trabajando de forma armoniosa y creando un ambiente en el que no solo se empoderan ellos mismos en sus relaciones, sino que ha creado una visión unificada, que es el Santuario mismo», declaró Khosrow Rezai, director de la obra.
La construcción del Santuario de ‘Abdu’l-Bahá alcanzó un hito importante con el comienzo de la instalación del mármol en la plaza central. Este avance importante constituyó el inicio de un proceso que se ha mantenido varios meses, dando forma gradualmente a la apariencia final del edificio.
Otro de los hitos alcanzados fue la terminación del Centro de Visitantes de ‘Akká.
Otro de los lugares de peregrinación de Tierra Santa experimentó nuevos trabajos de paisajismo. En las proximidades de la Mansión de Mazra’ih se crearon senderos tranquilos, huertos y miradores que invitan a la oración y a la reflexión, permitiendo que los visitantes experimenten el espíritu sereno asociado a este lugar sagrado.
Con estas pinceladas de las actividades a nivel mundial, el ciclo del año se aprecia con nitidez a medida que concluye: la historia de la humanidad no tiene por qué ser una de declive, sino de despertar, de madurez. Con cada acto de servicio y cada gesto de comprensión, la unidad de la humanidad aparece más claramente en el horizonte.