En esta segunda entrega, Moojan Momen analiza cómo las enseñanzas bahá’ís transformaron la vida de la comunidad bahá’í de Irán con nuevas formas de acción colectiva.

CENTRO MUNDIAL BAHÁ’Í — En la segunda parte de esta entrevista en dos episodios del podcast Aprendizajes del terreno, seguimos conversando con Moojan Momen, basándonos en temas de su reciente trabajo «La revolución babí-bahá’í en Irán», publicado en la revista Estudios Iraníes de la universidad de Cambridge.
Partiendo de los fundamentos históricos presentados en la primera parte, el doctor Momen explica que, a partir de finales del siglo XIX, la comunidad bahá’í en sus inicios desarrolló gradualmente nuevos patrones de cooperación, toma de decisiones y servicio que contrastaban fuertemente con las normas jerárquicas de la época. Estos cambios se desarrollaron pacientemente a lo largo de décadas, a medida que Bahá’u’lláh y ‘Abdu’l-Bahá guiaban a la comunidad hacia formas de acción colectiva basadas en la consulta bahá’í, la participación y un espíritu de servicio a la humanidad.
El doctor Momen describe cómo Bahá’u’lláh escribió que el orden social imperante en el mundo era «lamentablemente defectuoso» y que no requería ajustes, sino una forma fundamentalmente diferente por parte de las personas de organizar sus asuntos.
Los primeros bahá’ís de Irán formaron órganos consultivos cuya autoridad se basaba en la toma de decisiones colectiva, en lugar de en dirigentes individuales. A nivel local, los miembros de la comunidad se reunían para reflexionar sobre sus circunstancias y planificar iniciativas que contribuyeran al bienestar de la población en general. Estos patrones de vida revelaron progresivamente la viabilidad del progreso colectivo basado en la cooperación, en lugar de en la competencia.
Estos avances fueron acompañados de una reorientación más amplia de la identidad humana a través de la afirmación de Bahá’u’lláh de la unidad de la humanidad.
Momen también examina una reformulación del concepto mismo de religión, explicando cómo Bahá’u’lláh enfatizó que la esencia de la religión no reside en los rituales, sino en cultivar las cualidades espirituales y trabajar colectivamente para mejorar la sociedad. Las iniciativas para promover la educación de las mujeres, ampliar el acceso a la escolarización y fomentar la cooperación social eran, por lo tanto, expresiones de fe, y sin embargo a menudo provocaban hostilidad. Las tergiversaciones, principalmente por parte de las autoridades religiosas, contribuyeron a la persecución histórica y actual de la comunidad bahá’í de Irán.
A pesar de estas presiones, Momen destaca la postura de «resiliencia constructiva» que ha mantenido la comunidad: defender los principios, servir a la sociedad y buscar la unidad incluso bajo las restricciones más severas. Al echar la vista atrás a lo largo de estos 150 años, señala que la importancia de estos avances solo se hace evidente en retrospectiva: un empeño silencioso pero decidido por establecer modelos de vida basados en la toma de decisiones conjuntas, la igualdad y el servicio, que ofrecen claves para comprender la búsqueda de la humanidad de formas de vida más justas y cooperativas.