Del Capitolio a Chicago, un mensaje de los bahá’ís estadounidenses invita a conversar sobre la renovación espiritual, la confianza social y el futuro de la nación.

WASHINGTON, D.C. — Estados Unidos se está aproximando al 250.º aniversario de su Declaración de Independencia: un momento de reflexión, de celebración y, para muchos, un momento de incertidumbre. El país ha contado con generaciones enteras de personas que se han esforzado por dar plena expresión a los ideales enunciados en su fundación. Sin embargo, el agotamiento, la ira y la desilusión en un contexto de polarización y de conflicto se han convertido en parte integrante de la atmósfera de la vida pública. Una carta de parte de la comunidad bahá’í estadounidense señala una dimensión que rara vez se analiza. Sugiere que algunos de los principios fundacionales de la nación, como la libertad, la igualdad y la justicia, no son solo aspiraciones cívicas. Son, en su esencia, principios espirituales que exigen para su plena puesta en práctica la renovación de la confianza, el amor, la valentía moral y un sentido de propósito común.
Esta es la idea central que anima el documento Un empeño común: hacer realidad la promesa de Estados Unidos, una carta de los bahá’ís de los Estados Unidos dirigida a «todos aquellos que mantienen viva la promesa de Estados Unidos en sus corazones». Publicada poco antes del aniversario de la nación, la carta invita a un diálogo reflexivo sobre los cimientos morales y espirituales del progreso social y las capacidades necesarias para que personas diferentes progresen juntas.
Una de las manifestaciones de esta invitación ha sido la serie de reuniones públicas organizadas por la Oficina Bahá’í de Asuntos Públicos, que han reunido a diversos líderes de pensamiento de los círculos gubernamentales, de la sociedad civil, del mundo académico y de los medios de comunicación, así como a representantes de confesiones religiosas y a participantes en las actividades de desarrollo comunitario a nivel local. En cada reunión se ha analizado un tema concreto mencionado en la carta: desde el papel de la religión en la sociedad hasta los cimientos de la confianza social y los primeros indicios de una renovación espiritual en la vida pública.
En el Capitolio
En una reciente conferencia de prensa celebrada en el Capitolio, el congresista Brendan Boyle, de Pensilvania, reflexionó sobre la necesidad de recuperar un sentido de propósito común en una época de divisiones. Junto a representantes de diferentes confesiones religiosas, se refirió a la enseñanza bahá’í de que todos somos como «los frutos de un mismo árbol y las hojas de una misma rama».
«Independientemente de nuestro partido político, nuestra etnia, nuestros orígenes o nuestra fe ―agregó―, estamos unidos y vinculados por nuestra humanidad común y nuestro propósito compartido como estadounidenses».
El congresista Gus Bilirakis, de Florida, describió el aniversario como un momento para reflexionar sobre «el futuro que deseamos construir». La historia de Estados Unidos, afirmó, «no es una historia de uniformidad, sino de unidad en medio de la diversidad». Añadió que la renovación espiritual no requiere que las personas «piensen igual ni practiquen su culto de la misma manera», sino que invita a redescubrir los valores que unen a la gente: «la humildad, la compasión, la gratitud, el servicio a los demás y el compromiso con el bien común».
Esa misma mañana, en otro lugar del Capitolio, se había debatido la cuestión de la confianza social: qué la sostiene, cómo se va desmoronando y cómo se podría reconstruir. La sesión estuvo copatrocinada por el senador Ron Wyden, de Oregón, que comparó el espíritu de la carta con lo que él denominó «A la manera de Oregón»: la costumbre paciente de acercar a las personas más allá del distanciamiento y los desacuerdos. El trabajo de superar las «divisiones tradicionales», afirmó el senador Wyden, era «tan esencial» en un momento en el que tantos aspectos de la vida pública distancian a las personas.
El debate que siguió posteriormente fue moderado por el actor Rainn Wilson, miembro de la comunidad bahá’í.
Karissa Raskin, directora general de Listen First Project ―una organización que apoya a cientos de grupos para acercar a personas de diferentes orígenes―, señaló que la curiosidad y la humildad son las condiciones en las que crece la confianza, y sugirió que gran parte de la hostilidad que las personas esperan unas de otras demuestra ser una quimera. «Estamos mucho más cerca los unos de los otros de lo que pensamos», afirmó.
Jasmine Miller-Kleinhenz, profesora asociada del Centro Médico de la Universidad de Misisipi y miembro de la comunidad bahá’í, describió la paciente labor de construir relaciones paso a paso y habló del amor no solo como un sentimiento sino como una fuerza en la que apoyarse.
Esa misma convicción se reflejó en las declaraciones de Michael Toscano, cuya labor se centra en la familia y la tecnología, quien se refirió a la familia como el primer contexto en el que se forjan la confianza y los hábitos morales. Además, destacó la necesidad de que la sociedad tome decisiones tecnológicas que sirvan para el florecimiento humano, en vez de erosionar las relaciones sobre las que se sustentan las familias y las comunidades.
Los diálogos tuvieron repercusión más allá de los debates. En una entrevista en vídeo con el medio de comunicación 535, Wilson se unió al senador Chris Murphy, de Connecticut, para comentar el libro «Crisis del bien común», escrito por el senador Murphy, junto con otras cuestiones mencionadas en Un empeño común.
El senador Murphy señaló que el Gobierno ha pasado por alto con demasiada frecuencia las circunstancias en las que las personas encuentran sentido y conexión. Observó que los momentos anteriores de división en la vida estadounidense dieron lugar a nuevas formas de acción cívica, como los clubes de servicio creados a principios del siglo XX por parte de ciudadanos que deseaban servir a sus comunidades. Parte de la tarea en estos momentos, sugirió, consistiría en crear las condiciones en las que las personas se sientan capaces de volverse hacia los demás con generosidad. Recordando la mención en la Declaración a la búsqueda de la felicidad, afirmó que los estadounidenses están «haciendo todo lo posible cuando reflexionamos realmente sobre las políticas que llevamos a cabo y sobre si realmente estas hacen que las personas se sientan realizadas espiritualmente».
Conforme caía la tarde, un público más numeroso se fue reuniendo para la grabación en directo del podcast de Rainn Wilson, «Soul Boom», dedicado a lo que sus participantes denominaron «los primeros indicios de una renovación espiritual». Entre los asistentes se encontraba Amanda Ripley, periodista y escritora, cuya obra analiza diversas formas de conflicto. Según ella, el desacuerdo en sí mismo no lleva necesariamente al conflicto. Una sociedad saludable, desde su punto de vista, es aquella que ha aprendido a intercambiar ideas de forma adecuada, con honestidad y habilidad, en lugar de evitar el conflicto. Gran parte del trabajo, añadió, consiste en relatar historias, en aprender a narrar las historias más serenas de reconciliación y de conexión de una manera igual de convincente que las historias de conflicto que tan fácilmente captan la atención.
Una historia como la de una joven de 17 años que acompaña a una niña de 11 años, afirmó, puede resultar «realmente convincente» cuando se narra con esmero y creatividad. «No es menos noticiable que una historia de violencia ―declaró―. Contar historias diferentes que nos den una imagen más nítida de lo que realmente está pasando puede ayudarnos a crear el mundo en el que queremos vivir». Las historias que expresan «un sentido de dignidad, de determinación y de esperanza», agregó, permiten que la gente experimente colectivamente la alegría, el esfuerzo y la promesa que se encuentran en los actos de servicio y en la creación de relaciones que, de otro modo, podrían pasar desapercibidos.
Vivek Murthy, quien ejerció como director general de Sanidad de Estados Unidos, describió su esperanza para el país en términos claros: «Un lugar en el que amemos mejor, sirvamos mejor y crezcamos mejor», refiriéndose a aquellos vecinos que cuidan unos de otros en silencio como prueba de que estas capacidades están aún muy presentes.
Derik Smith, profesor de literatura en la Facultad Claremont McKenna y miembro de la comunidad bahá’í, relacionó los temas de la jornada con el trabajo de crear comunidades en las que cada persona pueda aportar al bienestar del conjunto. Describió la justicia no solo como la distribución de recursos y derechos, sino como la creación de las condiciones en las que las capacidades latentes en cada persona puedan ser liberadas mediante el servicio, la amistad y la acción colectiva.
En Wilmette
La serie de debates sobre «Un empeño común» había dado comienzo semanas antes en las proximidades de Chicago, en la Casa de Adoración bahá’í de Wilmette, donde líderes religiosos y civiles reflexionaron sobre el papel de la fe en la vida de la nación.
Nayana Shah, física teórica y miembro del Consejo de Administración del Parlamento de las Religiones del Mundo, reflexionó sobre la idea de que la renovación espiritual no puede quedarse en una idea abstracta. «Tiene que surgir de la práctica», afirmó.
«¿En qué se diferencia mi día a día?», añadió Shah, «No se trata solo de intelectualizar la forma en que voy a pensar de manera diferente, sino que debe asentarse en tu mente. Para que haya una renovación, el corazón debe ocupar un lugar central».
El reverendo Alvin Bibbs, quien trabaja para reunir a personas de distintos orígenes, sugirió que la renovación debe venir precedida de algo más profundo, «un despertar espiritual» en sus propias palabras, antes de que pueda darse cualquier renovación.
Mat Cotton, miembro de la Oficina de Asuntos Públicos, quien moderó la mesa de debate de Chicago, enfocó el propósito desde el mismo inicio: no entrar en un «debate partidista» ni centrarse en «medidas o personalidades políticas concretas» sino «plantear preguntas en profundidad» sobre las dimensiones morales y espirituales de los retos que afronta el país.
Ken Bowers, secretario de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de los Estados Unidos, situó el momento actual en un arco más amplio. Cada generación, fueron sus palabras, hereda tanto los logros como las tareas inconclusas de aquellos que les precedieron. A lo largo de la historia de la nación, muchos han «luchado y se han sacrificado» por satisfacer las necesidades de su época. La tarea ahora, sugirió, no consiste simplemente en evocar los ideales del pasado, sino en preguntarse qué principios espirituales pueden ayudar a la generación actual a llevar a cabo «medidas constructivas y prácticas» encaminadas hacia una mayor unidad, justicia, prosperidad y paz.
La Oficina de Asuntos Públicos continuará organizando foros de debate en los próximos meses, entre los que se cuenta la reunión en Nueva York con la Comunidad Internacional Bahá’í. Para PJ Andrews, miembro de la Oficina de Asuntos Públicos, la promesa del momento actual se centra en lo que las personas estén dispuestas a creer unas de otras. Más allá de las divisiones externas, sugirió, existe con frecuencia «buena voluntad e integridad, preocupación sincera por los demás [...] y un deseo de encontrar el camino hacia adelante» mucho más de lo que se piensa, no solo entre aquellos con quienes uno se siente ya cómodo, sino también entre quienes pueden parecer distantes. Actuar en base a esta convicción y aprender cómo hacerlo junto a los demás constituye la esencia misma del esfuerzo común.