Dos actos celebrados con motivo del Mes de la Historia Negra reunieron a artistas, líderes cívicos y vecinos para pensar sobre armonía racial y sentido de pertenencia.

WILMETTE, Estados Unidos — Los lazos de amistad verdadera, forjados no precisamente a pesar de las diferencias, sino gracias a ellas, pueden ser una de las fuerzas más poderosas a disposición de las comunidades que buscan sanar las heridas de los prejuicios.
Esta convicción llevó a celebrar dos reuniones celebradas este mes de febrero en la Casa de Adoración Bahá’í de Wilmette, cerca de Chicago, en un año en el que se cumple el centenario de la primera conmemoración nacional de la Historia Negra en los Estados Unidos. Desde 2023, la Casa de Adoración ha venido organizando un programa anual para el Mes de la Historia Afroamericana, en el que se recurre a las artes plásticas, la poesía y los foros de debate para analizar cuestiones sobre la armonía social.
Fomentar la armonía racial
El programa de este año contó con una exposición con el título «El legado continúa», en la que se mostraron obras de artistas afroamericanos locales. Como parte de la exposición, unas cien personas asistieron a una mesa redonda en la que se estudiaron los temas subyacentes a las obras expuestas. Un proyecto interactivo titulado «Mejor juntos» invitaba a los visitantes a imaginar el mundo que esperan ver de aquí a un siglo.
Otro acto, organizado por el director de música de la Casa de Adoración, Van Gilmer, reunió a unas cincuenta personas en torno a un debate comunitario con el título «Bendito es el sitio».
En esa reunión, el panel contó con la participación de los alcaldes de dos municipios cercanos, un profesor de secundaria, un capellán del sur de Chicago y otros agentes sociales. Juntos reflexionaron sobre en qué consiste el verdadero progreso hacia la armonía racial.
«[Tenemos] algunos amigos aquí en la costa norte que han estado realizando una importante labor en el ámbito de la igualdad, la inclusión, la diversidad y cómo llegar a ser una sola familia humana— afirmó Gilmer en la reunión—. Todo esto es arduo. Las palabras son fáciles de pronunciar, pero en la práctica todo esto resulta muy difícil».
George Davis, director del templo, situó la velada en el contexto del largo compromiso de la comunidad bahá’í con la cuestión de la unidad racial, descrita en los escritos bahá’ís como «el tema más vital y desafiante» al que se enfrenta la sociedad estadounidense.
La amistad para superar barreras
«Hay tantísimas personas con ideas afines que reconocen cada vez más que este problema ha de resolverse a nivel nacional, pero solo puede resolverse de manera eficaz a nivel de comunidad con amistad y vínculos», afirmó Davis.
Añadió que la cuestión de superar los prejuicios raciales «no es algo que pueda afrontarse o resolverse únicamente con políticas o mediante la aprobación de leyes, por muy importantes que estas puedan ser ».
Requiere algo más profundo, continuó Davis, el reconocimiento «no solo de nuestra humanidad común, sino de la fortaleza que surge de la unidad en la diversidad y del concepto de que todos, con independencia de su origen, e incluso tal vez gracias a él, tienen un papel que desempeñar y una contribución que hacer a la paz en la sociedad y al mejoramiento del mundo».
«Estos son los valores a los que se dedica la Fe bahá’í —prosiguió Davis—. Y el propósito de esta Casa de Adoración es, en realidad y en última instancia, reunir a quienes se esfuerzan por crear un mundo mejor para todos».
El programa se inauguró con varios recitales por parte de un joven poeta de Chicago. En una pieza con el título «Matumaini na Amani» (Esperanza y Paz en swahili), llamó a los asistentes a contemplar la esperanza no como algo lejano, sino como algo que ya está al alcance de todos:
«Los pasos más próximos a la esperanza son los que estáis dando. Los esfuerzos más difíciles en pro de la paz son los que vosotros estáis haciendo».
A continuación, los ponentes pusieron en común sus reflexiones personales sobre su trayectoria en la lucha por la justicia racial, entre ellos Senta Plunkett, presidenta del Consejo Municipal de Wilmette, quien habló sobre la labor de fomentar la inclusión en su comunidad, y Daniel Biss, alcalde de la cercana Evanston, quien describió el empeño de la ciudad por hacer frente a una larga historia de desigualdad racial.
«Es esa fe fundamental, profunda e inquebrantable en que todas las personas poseen el mismo valor sagrado —afirmó Biss—, y en que todos somos más fuertes, más felices, más sabios y estamos más seguros cuando vivimos unos con otros en solidaridad».
Una de las reflexiones más impactantes de la velada vino de manos del ponente Bruce Bondy, un residente local, que habló de la amistad que había forjado con Gilme desde que se conocieron en una visita de grupo realizada en 2019 a lugares históricos de los derechos civiles en el sur de Estados Unidos, un viaje que comenzó a planificarse precisamente en la propia Casa de Adoración.
«Creo que no existe nada más poderoso, y que nada nos ayudará más a superar el racismo que la amistad verdadera entre personas de razas diferentes», afirmó Bondy.
«No es lo mismo que tener un conocido. No es lo igual que simplemente ir a almorzar con algún compañero de trabajo de vez en cuando». Tener una amistad verdadera, en la que ambas personas se sienten lo suficientemente seguras para hablar abiertamente, «es lo que marca la diferencia».
Repercusión histórica
La reunión, que contó con personas de las confesiones bahá’í, cristiana, judía y musulmana, además de personas sin afiliación religiosa alguna, también tuvo una repercusión histórica especial.
En diciembre, la Casa de Adoración organizó una conmemoración del centenario de «Los nuevos afroamericanos», la antología histórica de 1925 compilada por Alain Locke, que fue uno de los pensadores más eminentes de la época. Locke, miembro de la primera comunidad bahá’í de los Estados Unidos, fue el primer erudito afroamericano en obtener una beca Rhodes y es recordado con frecuencia como el «decano» del Renacimiento de Harlem.
Desde su ceremonia de inauguración en 1912, cuando ‘Abdu’l-Bahá colocó la primera piedra del edificio, la Casa de Adoración de Wilmette ha servido a las comunidades aledañas como lugar tanto de oración y como de servicio.
Las Casas de Adoración bahá’ís reflejan un principio fundamental de las enseñanzas de Bahá’u’lláh: que la adoración y el servicio a la humanidad son inseparables.
Más de un siglo después del llamamiento de ‘Abdu’l-Bahá a superar los prejuicios que dividen a la humanidad y a reconocer su unidad esencial, reuniones como estas sugieren que el espíritu que anima dicho llamado continúa uniendo a las personas.