
Los consejeros analizan cómo las asambleas espirituales locales bahá’ís constituyen fuentes de apoyo, consulta y servicio en tres contextos diferentes.
CENTRO MUNDIAL BAHÁ’Í — En distintos lugares del mundo, las asambleas espirituales locales bahá’ís se están convirtiendo cada vez más en una presencia de confianza en sus comunidades, apoyando a las familias en dificultades, ayudando a los jóvenes a encontrar su camino y colaborando con las autoridades locales.
En el último episodio del podcast «Entrevistas», tres miembros de los Cuerpos Continentales de Consejeros —Billy Silva, de Estados Unidos; Townsend Lihanda, de Kenia; y Niroshni Saleh, de Sri Lanka— reflexionan sobre la forma que está tomando la relación entre la asamblea y la comunidad.
Compuesta por nueve miembros elegidos anualmente, la asamblea espiritual local (en inglés) es una institución singular. Silva describe el carácter espiritual de su elección, en la que «no hay campaña electoral, ni competitividad ni maniobras políticas». El proceso se lleva a cabo mediante votación secreta, en la que cada persona «se dirige a Dios» con el fin de elegir a quienes «sirvan de la forma más desinteresada a la comunidad».
Las preocupaciones de estas asambleas abarcan a toda la comunidad. Lihanda describe a sus miembros como «humildes servidores de la comunidad que forman parte de la propia comunidad», atentos al «progreso social y material y, al mismo tiempo, espiritual de estas comunidades».
Saleh describe la forma en la que, en una localidad de Sri Lanka, la Asamblea se ha ganado una confianza tal que «las autoridades sanitarias locales, el agente del gobierno local» y otros servicios públicos confían en ella.
Explicó de qué manera esta confianza puede cambiar el carácter de unos encuentros que, de otro modo, podrían resultar formales o intimidantes. En una localidad de Sri Lanka, varias familias no habían solicitado certificados de nacimiento ni documentos de identidad, imprescindibles para que los niños se matricularan en la escuela y para que las familias pudieran acceder a los servicios públicos. Dado que la Asamblea ya mantenía un estrecho contacto con los hogares, las autoridades locales recurrieron a ella en busca de ayuda.
«Cuando la Asamblea se puso en contacto con estas familias», cuenta Saleh, «se sintieron a gusto, no tensas», como suele ocurrir cuando visitan las agencias gubernamentales. Fue la orientación cariñosa de la Asamblea y su forma de acercarse a las familias lo que las animó a registrarse.
Posteriormente, las autoridades locales y del distrito impartieron formación a la Asamblea para que les ayudara con la documentación y les preguntaron de qué manera podrían ellos también ganarse esa confianza de la población.
A continuación, el debate se centra en los jóvenes. Lihanda relata una historia sobre una comunidad en la que, después de que dos jóvenes se llevaran algunas pertenencias de una vecina, una madre, en lugar de llamar a la policía, pidió ayuda a la Asamblea. La Asamblea entabló una conversación con los jóvenes y sus familias, analizando las circunstancias difíciles y la desconexión de la vida comunitaria que podrían haber influido en sus decisiones.
A partir de esa comprensión, se fue gestando una respuesta: los jóvenes se integraron más plenamente en la vida de la comunidad. Su mayor participación en actividades educativas fomentó cualidades como el servicio y la humildad; unos amigos que trabajaban como carpinteros les ayudaron a aprender el oficio; y otras personas de la zona les prestaron su apoyo. Ahora se ganan la vida, comenta Lihanda, y la experiencia ha cambiado la forma en que toda la comunidad afronta este tipo de situaciones, llegando a considerar que «todos formamos parte de una misma familia».
Silva describe cómo una asamblea espiritual local del Medio Oeste de Estados Unidos abordó el largo historial de prejuicios raciales como algo que debía examinarse y trabajarse conjuntamente, a lo largo de años, incluso de generaciones. Basándose en las palabras de la Casa Universal de Justicia —que «el poder de transformar el mundo se ejerce mediante el amor»—, explica que «uno de los objetivos de las asambleas espirituales locales es ayudar a sus comunidades y a las personas a crear refugios de paz, refugios de unidad, donde la humanidad pueda encontrar seguridad ante tantos desafíos».
Estas asambleas, en palabras de ‘Abdu’l-Bahá, son «lámparas resplandecientes y jardines celestiales, desde los cuales se difunden las fragancias de la santidad por todas las regiones... y las luces del conocimiento se derraman sobre todas las cosas creadas». Reflexionando sobre esas palabras, Silva habla de «la gracia especial que supone contar con estas asambleas espirituales locales en comunidades de todo el mundo».
El episodio de podcast forma parte de la serie «Entrevistas», un estudio colectivo por parte de distintas personas sobre la aplicación práctica de los principios bahá’ís a la construcción de sociedades pacíficas.