CIB Nueva York

Una reflexión sobre 30 años de aportaciones al debate internacional

31 de marzo de 2026

NUEVA YORK — «A mediados de la década de 1990, cuando me incorporé a la Comunidad Internacional Bahá’í (CIB), sus declaraciones trataban principalmente temas a nivel de principios. Con el tiempo, la Comunidad Internacional Bahá’í ha desarrollado la capacidad de nutrirse de un volumen cada vez mayor de experiencias procedentes de las comunidades de todo el mundo que ponen esos principios en práctica», afirma Bani Dugal.

Y añade: «Este es solo uno de los numerosos cambios que se han producido durante las últimas tres décadas».

La finalización del servicio de Dugal en la oficina de Nueva York de la Comunidad Internacional Bahá’í brinda la ocasión de reflexionar con ella acerca de la evolución de la participación de dicha Oficina en los debates internacionales.

Desde 1948, la Comunidad Internacional Bahá’í ha tratado de enriquecer los debates en la escena internacional como un participante más en el movimiento colectivo de la humanidad hacia un mundo más justo y pacífico. En sus primeras décadas, el espacio de la sociedad civil para participar seriamente en los foros internacionales era bastante limitado. Sin embargo, desde sus comienzos, el enfoque de la CIB estuvo puesto en fomentar la cooperación, reunir los diferentes puntos de vista en el diálogo y dar voz a los aprendizajes basados en la convicción de que la humanidad es una sola familia y que sus asuntos deben organizarse en última instancia para reflejar esa realidad. Esta convicción tenía una implicación práctica, manifiesta Dugal: «Los desafíos que afronta el mundo, ya se trate de los extremos de riqueza y de pobreza, la desigualdad o los conflictos, no pueden resolverse de forma aislada unos de otros, ni al margen de las capacidades morales y espirituales de los pueblos y comunidades afectadas por ellos».

Fue este marco de compromiso que Dugal asumió cuando se incorporó a la oficina de Nueva York en 1994. A lo largo de tres décadas —en las que primero sirvió como representante suplente, luego como directora de la Oficina para el Adelanto de las Mujeres y, desde 2003, como representante principal— la participación de la Comunidad Internacional Bahá’í en los espacios de Naciones Unidas y otros foros internacionales se consolidó de manera considerable, tanto en cuanto al fondo como a la forma de sus aportaciones.

Esta evolución ha sido evidente en un amplio repertorio de temas. En la Conferencia de la Mujer de Beijing de 1995, por ejemplo, la Comunidad Internacional Bahá’í trabajó codo con codo con otras organizaciones y con varios gobiernos, especialmente de África, para centrar la atención en la importancia de incluir a las niñas en la agenda de la conferencia. «Entre algunos estados miembros, existía la sensación de que organismos como UNICEF ya se ocupaban de las niñas —recuerda Dugal—. Pero, junto con otras organizaciones, logramos que se prestara atención a este asunto».

Esta labor ayudó a la adopción de la Sección L, dedicada a las niñas, como duodécima área crítica de preocupación en la Conferencia de 1995. Años más tarde, la Comunidad Internacional Bahá’í codirigió la iniciativa para la Reforma de la Estructura Institucional para la Igualdad de Género, una coalición de más de 275 organizaciones de cincuenta países cuyas iniciativas contribuyeron a la creación de ONU Mujeres en 2010.

Gran parte del firme compromiso de la Comunidad Internacional Bahá’í con el progreso de la mujer se ha desarrollado a través de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de las Mujeres de las Naciones Unidas, órgano en el que Dugal también ocupó el cargo de presidenta del Comité de las ONG. Cuando comenzó a asistir a las sesiones en la década de 1990, la Comisión constituía un foro intergubernamental bastante limitado. En las décadas siguientes, se convirtió en una de las reuniones anuales con mayor número de asistentes de las Naciones Unidas, atrayendo anualmente a miles de participantes de la sociedad civil y cientos de actos complementarios.

Imagen de algunos participantes en la 50.ª sesión de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de las Mujeres de las Naciones Unidas (en inglés) en 2006, cuando la Comisión celebró su histórico cincuenta aniversario.

«Fui testigo de cómo el Comité pasó de ser un escenario más íntimo, en el que los delegados trabajaban estrechamente sobre cuestiones políticas, a convertirse en algo mucho más amplio ―reflexiona Dugal―. Ese crecimiento ponía de manifiesto un reconocimiento más amplio de que la igualdad de mujeres y hombres es fundamental en todas las dimensiones del progreso humano».

En 2025, con motivo del 30.º aniversario de la Conferencia de Beijing, la Comunidad Internacional Bahá’í publicó «Colaborar plenamente: treinta años de avance de las mujeres en las Naciones Unidas, una compilación que recoge tres décadas de declaraciones y perspectivas compartidas mediante su participación en la Comisión.

«El progreso de las mujeres ha sido un tema de especial importancia para mí en todos mis años de servicio en la Comunidad Internacional Bahá’í», afirmó Dugal, quien intervino en la presentación del libro en Nueva York. «Es gratificante ver con qué constancia la CIB ha tratado estas cuestiones, año tras año».

Bani Dugal junto a la Primera Dama de Sudáfrica, Zanele Mbeki, en un almuerzo (en inglés) organizado en la Oficina de la CIB en Nueva York durante la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de las Mujeres de 2006.

Las cuestiones relativas a la gobernanza mundial han constituido otro hilo conductor que se extiende a lo largo de todo el mandato de Dugal. En su primer año, la Comunidad Internacional Bahá’í publicó «Hora decisiva para todas las naciones» en el 50 aniversario de las Naciones Unidas. Con el cambio de milenio, la CIB copresidió el Foro del Milenio (en inglés), una reunión con más de 1350 organizaciones de la sociedad civil en las Naciones Unidas, y su representante fue la única voz de la sociedad civil en dirigirse a los más de 150 líderes mundiales reunidos en la Cumbre del Milenio.

«Tras las grandes conferencias de la ONU de los noventa, la sociedad civil realmente se comprometió con lo que se entendía como una nueva era», recuerda Dugal. Tres décadas más tarde, «La encrucijada para todas las naciones», en vísperas de la Cumbre del Futuro de 2024, la Comunidad Internacional Bahá’í publicó «Abrazar la interdependencia» (en inglés) y en 2025, sus representantes ayudaron a organizar el Foro de la Sociedad Civil en la Segunda Cumbre Mundial para el Desarrollo Social de Doha, treinta años después de la primera Cumbre Social de Copenhague.

Imagen de Bani Dugal como participante en una mesa redonda (en inglés) en la 16.ª sesión de la Comisión de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, celebrada en 2008.

«La pregunta a la que volvíamos continuamente era si las estructuras de cooperación internacional pueden ir más allá del equilibrio entre intereses contrapuestos y avanzar hacia acuerdos que reflejen de verdad la interdependencia de la humanidad».

La Comunidad Internacional Bahá’í fue uno de los once grupos religiosos (en inglés) cuyos representantes se reunieron en una conferencia interreligiosa internacional celebrada en La Haya para firmar la Declaración de la Fe en los Derechos Humanos de 2008.

«La magnitud y la complejidad de los retos mundiales sobrepasan rápidamente la evolución de los sistemas diseñados para hacerles frente». Para la Comunidad Internacional Bahá’í, el punto de partida ha sido una cuestión de identidad: «Si realmente nos consideramos una sola familia ―afirma Dugal―, entonces los sistemas que construimos deben reflejar esa realidad. Esta comprensión de quiénes somos ha dado forma a todo lo que la CIB ha aportado en estos diálogos».

En 2012, la CIB organizó un foro (en inglés) en el 56.º periodo de sesiones de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de las Mujeres de las Naciones Unidas, que proporcionó un espacio de debate para que las agricultoras rurales compartieran sus experiencias.

Con los años, la Comunidad Internacional Bahá’í ha colaborado además en debates internacionales sobre la paz y la seguridad, el bienestar de los niños, los derechos humanos, la libertad de religión y de creencias, el papel de la religión en la sociedad, el desarrollo sostenible, la relación de la humanidad con el mundo natural y la juventud, entre otros temas. Ha llamado la atención sobre la persecución de los bahá'ís, en especial en Irán, mediante informes, declaraciones y un compromiso constante que han llevado esta cuestión ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y la Asamblea General.

En todas estas áreas de compromiso, la Comunidad Internacional Bahá’í ha aportado gradualmente a estos debates no solo consideraciones políticas, sino también cuestiones más profundas, como ¿qué relaciones, capacidades y patrones culturales subyacentes permiten alcanzar la justicia y la igualdad en primer lugar?

En 2015, un grupo variado de líderes religiosos, entre ellos Bani Dugal en su condición de representante principal de la Comunidad Internacional Bahá’í, se reunió para emitir una declaración (en inglés) con el título «Acabar con la pobreza extrema: un imperativo moral y espiritual».

Un aspecto distintivo del enfoque de la Comunidad Internacional Bahá’í, en palabras de Dugal, ha sido su atención no solo al contenido de estos diálogos sino también a su carácter. «Una forma de contribuir fue a nivel del proceso: cómo deben estructurarse los proyectos, qué supuestos los fundamentan, cómo se escuchan y se tratan las personas entre sí. Porque veíamos que la calidad de estos elementos determina lo que un diálogo puede lograr en última instancia», afirma.

Steve Karnik y Bani Dugal, representantes de la Comunidad Internacional Bahá’í, en la primera Cumbre Humanitaria Mundial (en inglés) organizada por las Naciones Unidas y celebrada en Estambul en mayo de 2016.

Con el paso de los años, la oficina de la Comunidad Internacional Bahá’í de Nueva York se convirtió en un espacio en el que los diplomáticos de los estados miembros de las Naciones Unidas, los líderes de la sociedad civil y las autoridades de las Naciones Unidas podían abordar cuestiones espinosas en un ambiente de sincero respeto y empatía. «En más de una ocasión ―afirma Dugal―, nuestros socios de la sociedad civil o del ámbito gubernamental nos hablaron de sus propios esfuerzos para aplicar enfoques similares cuestiones en sus propios proyectos». Para muchos participantes, estas reuniones se convirtieron en espacios parecía posible un nuevo tipo de colaboración más esperanzadora y constructiva.

Imagen de una mesa redonda de alto nivel, en la que participó la Comunidad Internacional Bahá’í, durante el 61.º período de sesiones de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de las Mujeres de las Naciones Unidas en 2017, celebrada en la sede de la ONU en Nueva York, en la que se reflexionó sobre «El empoderamiento económico de las mujeres en el cambiante mundo laboral». Tercera por la derecha, en primera fila: Bani Dugal.

Esta orientación también determinó el formato de actos más amplios. «Durante años, el modelo de las principales comisiones de las Naciones Unidas había sido siempre el mismo: destacados ponentes en una mesa redonda, con un espacio limitado para diálogos más amplios ―explica Dugal―. Probamos a ofrecer un formato diferente». Los representantes de la CIB ayudaron a introducir planteamientos más participativos, como consultas en mesas redondas en las que todos los participantes podían aportar su grano de arena. «Aprendimos que algo tan simple como la forma de un diálogo ―quién habla, quién escucha, cómo se sienten las personas― puede empezar a cambiar la calidad de las relaciones que se establecen en él.

Imagen de una mesa redonda (en inglés) organizada por la CIB durante el 61.º periodo de sesiones de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de las Mujeres de las Naciones Unidas, celebrado en 2017, en la que ponentes de varias ONG destacadas se unieron a Bani Dugal, representante principal de la CIB ante las Naciones Unidas (centro) para dialogar sobre la estructura económica de la sociedad, el papel de la familia y el período de la juventud en su relación con la igualdad de género.

Esta atención al proceso ha venido acompañada de un compromiso cada vez más profundo con la experiencia vivida por las comunidades baháʼís de todo el mundo. «Las comunidades baháʼís han aportado a la mejora de la sociedad desde sus orígenes ―afirma Dugal―. Lo que ha cambiado es nuestra capacidad para aprovechar estas experiencias y ponerlas en relación con los diálogos que se generan a nivel internacional».

En la cumbre del clima COP27 celebrada en Egipto en 2022, la delegación de la Comunidad Internacional Baháʼí participó en numerosos debates, en los que se destacó la necesidad de que la humanidad reformule su relación con el mundo natural.

En los debates sobre el desarrollo, Dugal indica que a menudo el énfasis recae en la financiación a gran escala, «pero a veces son las iniciativas más modestas las que unen a las comunidades donde estas encuentran soluciones por sí mismas». Recuerda la reacción de una comunidad baháʼí en Myanmar tras el ciclón Nargis: en lugar de solicitar una enorme inyección de ayuda, que los miembros de la comunidad catalogaron como un riesgo de crear desunión, solicitaron semillas «para que pudiéramos volver a plantar, volver a cultivar y a reconstruir juntos». En la isla de Tanna, en Vanuatu, los jóvenes que habían desarrollado capacidad organizativa mediante los programas educativos fueron de los primeros en evaluar las necesidades de la comunidad tras un ciclón devastador, lo que sirvió de base para la respuesta de las autoridades que llegaron a la isla.

En una conferencia nacional celebrada en Azerbaiyán en 2024, en la que participaron miembros de la CIB, se analizó el modo en que la armonía entre la ciencia y la religión pueden abrir la vía hacia una paz duradera.

«En cada una de las innumerables historias como estas que se dan en todo el mundo, las personas en sí son los actores centrales de su propio desarrollo, ―reflexiona Dugal―. Y el cambio significativo no proviene de los esfuerzos de un único protagonista, sino de la acción coordinada de los individuos, las comunidades y las instituciones que trabajan juntas».

Quizá uno de los cambios más importantes que Dugal ha comprobado a lo largo de estas tres décadas en las Naciones Unidas sea la receptividad hacia las dimensiones moral y espiritual de la vida colectiva a nivel internacional. «En los primeros años de mi trabajo en las Naciones Unidas, la espiritualidad y el desarrollo moral no eran conceptos aceptables en nuestros diálogos, puesto que muchos no los consideraban relevantes para el debate ―recuerda―. Y hemos visto cómo se ha dado este giro de forma gradual a lo largo de estas últimas décadas».

En su contribución a los debates de la 69.ª sesión de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer de las Naciones Unidas, celebrada en 2025, la delegación de la CIB analizó cómo los espacios locales de diálogo y acción posibilitan que las comunidades generen nuevos modelos de relaciones entre mujeres y hombres.

Hoy día «es mucho más frecuente que los Estados miembros y los organismos de la ONU hablen de la importancia de las bases éticas, morales, sociales y espirituales sobre las que promover el progreso social», afirma Dugal.

Rachel Bayani, nueva representante principal de la Comunidad Internacional Baháʼí ante las Naciones Unidas nombrada en diciembre de 2025 tras la jubilación de Bani Dugal, observa: «Las relaciones y la confianza que se han consolidado durante estas décadas conforman una base estupenda sobre la que desarrollar nuevos aprendizajes».

Algunas declaraciones publicadas por la Comunidad Internacional Baháʼí en los últimos años.

Bayani agrega: «La comunidad mundial bahá’í está desarrollando continuamente una comprensión más profunda de los principios, las relaciones y los patrones de acción que promueven el bienestar colectivo. Al inspirarse en este creciente acervo de aprendizajes, la CIB espera seguir fortaleciendo su capacidad para aportar positivamente a los problemas acuciantes que el mundo afronta hoy día».

En la oficina de la Comunidad Internacional Baháʼí de Nueva York, se celebró un acto para presentar el libro: «Colaborar plenamente: treinta años de avance de las mujeres en las Naciones Unidas», un volumen que ofrece una compilación completa de las aportaciones de la CIB al debate internacional sobre la igualdad de mujeres y hombres, y que invita a un estudio más profundo de lo que significa para la humanidad el avanzar juntos.

Artículos relacionados