«Una empresa moral»

El desarrollo, algo más que un ejercicio técnico

Un nuevo libro con 14 ensayos de la Cátedra Bahá’í de Indore analiza el desarrollo como tarea moral basada en principios de unidad, justicia y cuidado del medio ambiente.

3 de julio de 2026

NUEVA DELHI — ¿Qué se pierde cuando el desarrollo se mide principalmente por lo que se puede cuantificar?

Durante décadas, el progreso se ha evaluado a través de las tasas de crecimiento, los niveles de renta, el alcance de las infraestructuras y la escala de la producción. Estos indicadores pueden revelar dimensiones importantes de la vida económica y social. Sin embargo, no son adecuados para dar cuenta de la dignidad de los seres humanos, la calidad de los lazos sociales, la sabiduría atesorada en diversas culturas, la responsabilidad hacia las generaciones futuras o la relación de la humanidad con el mundo natural.

Para muchos pensadores y profesionales, las limitaciones de una concepción estrictamente material del progreso se han convertido en algo cada vez más evidente. Lo que hace falta, sugieren, no es solo la mejora de los modelos actuales, sino una revisión de los supuestos sobre los que se basan estos modelos.

Esta inquietud dinamizó una reunión celebrada recientemente en el Centro Internacional de la India, en Nueva Delhi, donde la Oficina Bahá’í de Asuntos Públicos de la India y la Cátedra Bahá’í de Estudios sobre el Desarrollo en la Universidad Devi Ahilya presentaron un nuevo libro con el título Diálogos sobre el desarrollo: replantear el desarrollo para un futuro justo y sostenible.

El acto congregó a unos sesenta académicos, profesionales del desarrollo y miembros de organizaciones de la sociedad civil, que se dieron cita para reflexionar sobre los temas centrales del libro y su importancia para el debate actual sobre el desarrollo.

El volumen, editado por Arash Fazli, profesor asociado y titular de la Cátedra Bahá’í, y Amitabh Kundu, profesor emérito en la Universidad LJ, reúne catorce ensayos que nacen de una serie de conferencias organizadas por la Cátedra durante los dos últimos años. Los autores analizan los modelos de desarrollo vigentes al tiempo que proponen alternativas basadas en la unidad de la humanidad, la justicia, la solidaridad, la gestión responsable del medio ambiente y la participación efectiva de los individuos y las comunidades en el diseño de su futuro.

«Este volumen reúne perspectivas que nos animan a reflexionar en profundidad sobre el sentido y el propósito del desarrollo en nuestra época ―afirmó Nilakshi Rajkhowa, de la Oficina Bahá’í de Asuntos Públicos, en la sesión inaugural―. En un momento en el que el mundo se enfrenta a complejos retos sociales, económicos y medioambientales, estos diálogos resultan tan oportunos como esenciales»

En la presentación del libro, el doctor Fazli afirmó que este volumen surgió de la constatación de que la humanidad se enfrenta a una serie de crisis aceleradas ―degradación medioambiental, aumento de la desigualdad, fragmentación social y polarización―, mientras que muchos de los modelos de desarrollo en los que se confía para abordarlas siguen centrándose de forma demasiado limitada en el crecimiento material como para poder ofrecer soluciones eficaces y sostenibles a largo plazo.

El desarrollo, afirmó, se había inspirado originalmente en el objetivo de hacer justicia a la humanidad. El volumen, afirmó, es un modesto esfuerzo por «plantear de nuevo algunas cuestiones fundamentales» sobre cuál debía ser la finalidad del desarrollo. «El desarrollo no es un proyecto técnico ―afirmó―. Se trata fundamentalmente de una empresa moral».

Por ese motivo, explicó el doctor Fazli, los principios éticos no pueden tratarse como ideales que solo deben expresarse en términos generales, mientras permanecen en un segundo plano en las estructuras, las políticas y los supuestos que guían la acción. Deben entenderse como parte de la realidad en la que se desarrolla la sociedad, con consecuencias visibles tanto cuando se defienden como cuando se descuidan.

«La ética solo puede integrarse en el desarrollo a nivel de sus cimientos», afirmó. Los principios morales y espirituales no constituyen meramente «buenas ideas» a las que recurrir cuando interesa, sino que reflejan características esenciales de la existencia social.

En el debate posterior a la presentación se analizó cómo un determinado enfoque puede transformar la práctica del desarrollo.

Aditi Kapoor, cofundadora y miembro del consejo de administración de Alternative Futures, se basó en su experiencia sobre el terreno para sugerir que la planificación del desarrollo, cuando se organiza con demasiada rigidez en torno a modelos orientados a resultados, puede pasar por alto una realidad básica: «Las vidas de las personas se desarrollan realmente de formas más orgánicas y holísticas».

Steven Schonberger, economista y antiguo director de la Práctica Mundial del Agua del Banco Mundial, amplió esta conclusión al cuestionar el vocabulario utilizado en el sector. Resaltó que el lenguaje de los países «desarrollados» y «menos desarrollados» puede fomentar la complacencia en determinadas sociedades al tiempo que devalúa gran parte de lo que otras tienen que ofrecer.

Propuso prescindir completamente de la palabra «desarrollo» para poner un énfasis renovado en el progreso humano. «El progreso no tiene fin ―afirmó―. Todo el mundo progresa».

Las aportaciones a ese progreso, instó Schonberger, deberían proceder de «todos los rincones de la civilización».

Para la Cátedra, la presentación no se limitó solo a la publicación de un volumen: supuso el inicio un diálogo más amplio respecto al futuro. Si el concepto de desarrollo ha de verse bajo otra luz, como se sugirió en los debates, se tendrá que hacer mediante un proceso de aprendizaje prolongado y paciente, en el que las comunidades mismas, y los jóvenes que las integran, participen no como meros recipientes de los planes diseñados para ellos en otros lugares, sino como protagonistas de su propio progreso.

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