

Aprendizajes del terreno
Los participantes, procedentes de diversos ámbitos de investigación académica, analizan cómo el principio de la unidad de la humanidad influye en su labor.
CENTRO MUNDIAL BAHÁ’Í — En el último episodio de «Aprendizajes del terreno », algunos de los aproximadamente dos mil cien participantes en la 50.ª conferencia anual de la Asociación de Estudios Bahá’ís (ABS) de Norteamérica analizan las implicaciones del principio de la unidad de la humanidad para diversos ámbitos profesionales, entre ellos la salud, la geografía, la antropología, las ciencias políticas y la tecnología.
En estas reflexiones, los participantes volvían una y otra vez a una pregunta común: ¿cómo cambia el principio de que la humanidad es una sola la forma en que las personas entienden sus campos académicos y contribuyen a ellos?
Para Jasmine Miller-Kleinhenz, investigadora oncológica del Centro Médico de la Universidad de Misisipi, el desarrollo de tratamientos para una forma agresiva de cáncer de mama plantea una pregunta adicional: ¿por qué se vio especialmente afectada una población concreta de mujeres? Según ella, las explicaciones que atribuían este fenómeno a su ascendencia no parecían dar cuenta del panorama completo.
Considerar a la humanidad como una sola familia, explicó la doctora Miller-Kleinhenz, implica preguntarse si la sociedad está organizada para velar por la salud de todos sus miembros. Este punto de vista la llevó a examinar las condiciones en las que vivían esas mujeres. Muchas carecían de acceso a espacios verdes, a una alimentación nutritiva y a una educación de calidad. Estas condiciones, explicó, reflejaban decisiones sobre el modo en que se organiza la sociedad y quién tiene acceso a sus recursos.
Su investigación analiza si la privación en un barrio puede afectar al organismo y contribuir a diferencias en los resultados de salud, y si cambiar esas condiciones podría mejorar la salud. La unidad, afirmó, «no puede ser simplemente algo bonito que hacer como actividad secundaria [...] también tiene que dar forma a mis preguntas».
El psicólogo clínico Michael Penn explora el modo en que reconocer una naturaleza espiritual común a todas las personas tiene implicaciones tanto para la atención individual como para la vida de una comunidad. Cuestiona la tendencia a considerar la biología y la experiencia social como los únicos factores determinantes del futuro de una persona. Las enseñanzas bahá’ís sobre el espíritu humano, afirma, respaldan la capacidad de las personas para elegir y crecer, entre otras cosas, su capacidad para reflexionar sobre sus vidas y actuar de acuerdo con valores profundamente arraigados.
Este punto de vista también centra la atención en las relaciones que ayudan a las personas a desarrollar esas capacidades. A través del Grupo de Colaboración en Salud Mental de la Asociación de estudios Bahá’ís (ABS), el doctor Penn y sus colegas investigan qué papel desempeña la vida en comunidad en el bienestar. «¿Cómo podemos fomentar el tipo de comunidades y de relaciones sociales que conduzcan a una mejora de la salud mental entre un gran número de personas?», se preguntaba.
El doctor Penn describió la forma en que las iniciativas bahá’ís de desarrollo comunitario reúnen a personas de diversos orígenes religiosos, culturales y económicos para la oración, la meditación y la conversación edificante. Estas iniciativas, afirmó, pueden fomentar relaciones que sean «solidarias, alentadoras y significativas», convirtiendo la vida en común de una comunidad en una fuente de fortaleza para quienes atraviesan dificultades.
La relación entre la visión espiritual y la investigación científica también fue analizada por la antropóloga Whitney White-Kazemipour. Señaló que a menudo se asignan funciones separadas a la ciencia y a la religión: la ciencia aporta los hechos y la religión, los valores. La doctora White-Kazemipour describió una relación más estrecha: «Podemos considerar la ciencia y la religión como dos sistemas de conocimiento que trabajan ambos con el objetivo de alcanzar una comprensión precisa de la realidad».
Adib Shafipour, investigador que trabaja en aplicaciones de inteligencia artificial para la detección de enfermedades, aborda la idea de aunar estos sistemas de conocimiento para dar forma a las preguntas que guían el desarrollo tecnológico. Señaló que la religión suele tratarse como una cuestión de la vida personal, al margen del trabajo científico. Recurrir a los conocimientos espirituales, sugirió, da pie a preguntas como: «¿Qué tipo de personas nos permite ser esta tecnología?». Estas reflexiones pueden ayudar a las personas a «desarrollar la tecnología de una forma diferente que nos permita utilizarla de manera más reflexiva».
Las preguntas sobre el tipo de sociedad que las personas están ayudando a construir también inspiraron las reflexiones de Derik Smith, profesor de literatura en la Universidad Claremont McKenna. Smith analizó de qué manera el principio de unidad da forma tanto a los objetivos como a los métodos del trabajo en pro de la justicia social, y afirmó: «En lugar de perseguir la justicia social buscando al enemigo y resistiéndonos o luchando contra él, intentamos crear justicia social construyendo la sociedad que queremos ver, con todos aquellos que estén dispuestos a unirse».
Este episodio del podcast forma parte de la serie «Aprendizajes del terreno», que ofrece testimonios de primera mano sobre iniciativas bahá’ís concretas en el campo de la acción.