«Iluminados por la unidad»

Vernos bajo la luz de nuestra humanidad común

Años de diálogo a nivel nacional en los EE.UU. culminan con un libro y la creación de una página web con las conclusiones sobre cómo superar los prejuicios raciales.

18 de septiembre de 2026

WASHINGTON D.C. — Mientras el debate nacional sobre la injusticia racial en los Estados Unidos se polariza cada vez más, la religión ofrece una visión especial para este momento. A lo largo de la historia, la religión ha dividido a las personas tanto como las ha unido. Lo que se ofrece en este caso es una manera de contemplar a los seres humanos no a través de las líneas que los separan, sino a través de la realidad espiritual que comparten.

Esta convicción orientó una serie de debates que se prolongaron durante cinco años, organizados por la Oficina Bahá’í de Asuntos Públicos de los Estados Unidos. Estos debates forman parte de las actividades más amplias de los bahá’ís de ese país para promover la armonía social, entre las que también se incluyen las reuniones organizadas recientemente por la Oficina para conmemorar el 250.º aniversario de los Estados Unidos. Estas actividades estudian cómo las personas pueden trabajar juntas en pro del florecimiento de la sociedad.

Las conclusiones obtenidas de los debates celebrados en los últimos cinco años se han recopilado ahora en una nueva publicación, Iluminados por la unidad: recursos y reflexiones a partir de un diálogo multiconfesional para superar el racismo, la cual cuenta con una página web complementaria.

El libro reúne una síntesis de ideas de los diálogos entre el grupo de agentes sociales, así como de documentos de debate y ensayos anteriores que se remontan a enero de 2017, un momento de marcada división en torno a la injusticia racial en los Estados Unidos. Los materiales se ofrecen como recurso para quienes desean iniciar debates parecidos en sus propios entornos.

Convocado en colaboración con el Programa de Estudios sobre Paz y Justicia y el Instituto de Investigación Política y Estudios Católicos de la Universidad Católica de Estados Unidos, en Washington, D.C., el foro congregó a dirigentes y representantes de organizaciones religiosas nacionales procedentes de diferentes confesiones religiosas.

Desde el comienzo, las reuniones constituyeron espacios extraoficiales de diálogo abierto y de búsqueda. Cada reunión trimestral se articulaba en torno a un documento de debate preparado por la Oficina de Asuntos Públicos, que se leía en voz alta de forma conjunta y se analizaba en pequeños grupos y en sesiones plenarias. Los artículos trataban temas como la identidad, la justicia y la unidad, el materialismo, las diferentes interpretaciones de la historia, los medios de comunicación y su potencial para reforzar o para desafiar los prejuicios raciales, así como el papel especial que la religión puede desempeñar a la hora de superar las divisiones.

«La comunidad bahá’í estadounidense, desde sus mismísimos comienzos, se ha considerado a sí misma investida con la misión de promover la unidad y de abordar las divisiones raciales», afirmó Selvi Adaikkalam Zabihi, miembro de la Oficina, en una entrevista con el Servicio de Noticias. «Las enseñanzas bahá’ís declaran que el racismo debe superarse y dejarse atrás».

Zabihi explicó que la publicación forma parte de la labor más general de la Oficina para aportar a un diálogo en torno a la renovación espiritual de la sociedad estadounidense. «Durante algún tiempo ―señaló―, se ha dado por sentado que la ciencia y el pensamiento racional por sí mismos pueden generar sociedades sanas. Sin embargo, estamos viendo que el materialismo no puede conducirnos allí donde necesitamos llegar. Esto plantea nuevamente la cuestión del papel que la religión tiene a la hora de sentar las bases para una sociedad justa, para la estabilidad, la paz y la prosperidad».

Una herida para el conjunto de la sociedad

En uno de los documentos de debate del foro sobre el tema de la identidad, la unidad de la humanidad se describe no solo como aspiración, sino como «una expresión de nuestra realidad subyacente». Bajo este prisma, la desigualdad racial no supone solo un agravio para quienes sufren directamente la opresión; es una enfermedad espiritual para la sociedad en su conjunto, ya que su bienestar deriva del bienestar de cada una de sus partes. Superarla exige las condiciones en las que las personas puedan llegar a ver, pensar y actuar a la luz de su humanidad común.

Esta convicción dio forma a la metodología adoptada en el foro. La Oficina explica en la introducción del libro que, si bien las estructuras y los comportamientos han de cambiar, el racismo no puede abordarse plenamente a menos que también cambien los modelos de pensamiento subyacentes. Los debates, por lo tanto, trataron de examinar los supuestos espirituales, los relatos y las concepciones de la identidad humana que perpetúan la división o, por el contrario, hacen posible la unidad.

Mat Cotton, miembro de la Oficina, describió esto como una de las aportaciones características del foro. «Nuestra sociedad está tratando de resolver múltiples cuestiones relacionadas con la injusticia racial ―afirmó―, pero este espacio permitió reflexionar de una manera rigurosa acerca de sus dimensiones espirituales. Sin ese componente espiritual, existe una brecha en nuestra capacidad para tratar estos temas y para abordar las preocupaciones que suscitan».

Recurrió a la imagen de una lámpara y de su luz. «Podemos esforzarnos en crear una lámpara perfecta ―dijo―, aunque será de poca utilidad si no aprendemos a llenarla de luz».

Y prosiguió diciendo: «De igual manera, las estructuras de la sociedad, por muy bien diseñadas que estén, permanecen a oscuras hasta que son iluminadas por el amor, el compañerismo y un propósito espiritual».

“... las estructuras de la sociedad, por muy bien diseñadas que estén, permanecen a oscuras hasta que son iluminadas por el amor, el compañerismo y un propósito espiritual.”

Mat Cotton, miembro de la Oficina Bahá’í de Asuntos Públicos de los Estados Unidos

Donde las relaciones fueron puestas a prueba y se consolidaron

El prólogo del libro, escrito por William A. Barbieri Jr., de la Universidad Católica, quien colaboró en la organización del diálogo en sus primeros años, describió los encuentros como «un espacio de aprendizaje, de introspección, de intercambio y de conmiseración» entre compañeros de diferentes tradiciones religiosas. Con el tiempo, escribe, el foro se convirtió en una «fuente valiosa de compañerismo».

El foro promovió el crecimiento colectivo, ya que se trasladó temporalmente a internet durante la pandemia de coronavirus y, tras el asesinato de George Floyd en 2020, sirvió como «espacio fundamental para compartir información, deliberar y tomar decisiones colectivas, y conectar emocionalmente».

Los participantes desarrollaron prácticas que ayudaron a reforzar la confianza con el paso del tiempo: compartir mesa, comenzar las sesiones con un foro abierto en el que los participantes pudieran expresar lo que les preocupaba y ―tras un intercambio difícil entre dos de ellos― comenzar a visitar museos juntos para desarrollar una comprensión común del pasado y de los diversos orígenes que allí se representaban.

Estas prácticas ayudaron a evitar que el diálogo se convirtiese en un mero intercambio de puntos de vista. El foro comenzó a servir, en cambio, como un espacio en el que se fortalecieron las relaciones, al tiempo que las ideas se ponían a prueba, se refinaban y se profundizaban.

Justicia, unidad y una nueva concepción del poder

Tras cinco años, los participantes se reunieron para sintetizar las conclusiones con mayor repercusión de los diálogos en un documento de síntesis, que se incluye ahora en el libro. Zabihi recordó el proceso como «una experiencia hermosa de expresar ideas que eran importantes y profundas, con las que personas de diferentes confesiones y procedencias podían identificarse».

«No se trataba del mínimo común denominador ―afirmó―. Era algo más que eso. Y, al mismo tiempo, los participantes lo percibían como algo común».

Entre los temas que surgieron con una fuerza especial se encontraba el de la inseparabilidad de la justicia y la unidad. Los materiales rechazan la idea de que la unidad pueda lograrse pasando por alto la injusticia, aunque también cuestionan los enfoques que se basan en la competición y el conflicto como los medios principales para el cambio. La justicia, desde este punto de vista, es el medio por el que la unidad se hace realidad; la unidad confiere a la justicia su horizonte final. Los materiales mantienen unidas ambas verdades: las identidades de quienes sufren prejuicios deben ser aceptadas y afirmadas a medida que la humanidad aprende a ver la identidad más profunda que comparte.

“Cuán fortalecedor es pensar en el poder no como una forma de dominación, acaparado por unos pocos y ejercido por sobre los demás, sino como algo al alcance de todos.”

Selvi Adaikkalam Zabihi, miembro de la Oficina Bahá’í de Asuntos Públicos de los Estados Unidos

Otro tema que cobró protagonismo fue la necesidad de replantearse los conceptos de poder. Zabihi afirmó que esta idea generó gran entusiasmo entre los participantes cuando se les presentó. «Cuán empoderador resulta ―dijo―, pensar en el poder no como una forma de dominación, acumulada por unos pocos y ejercida sobre los demás, sino como algo al alcance de todos. Existen formas de poder al alcance de todos que pueden ayudar a crear un nuevo orden social justo: el poder del amor, el poder de trabajar juntos en unidad y el poder del sacrificio».

Esta concepción del poder también configuró el enfoque del foro sobre el cambio social. Zabihi señaló que las iniciativas para combatir el racismo suelen describirse en términos de desmantelar estructuras injustas. «Por supuesto, ese es el trabajo que tiene que hacer la sociedad ―afirmó―. Sin embargo, desde el punto de vista bahá’í, la mayor parte de la labor consiste en crear una nueva realidad mediante la creación de algo que encarne la unidad».

Esta orientación constructiva, prosiguió, se extiende «desde el nivel individual hasta las estructuras más generales de la sociedad»: nuevas formas de ser para los individuos y los niños, nuevos modelos de relaciones, nuevas formas de practicar las virtudes con los demás y nuevas formas de instituciones con capacidad para resolver las necesidades de la sociedad.

«Se trata de un ejercicio de poder ―afirmó―. No es el poder de destruir algo. Es el poder de construir algo nuevo que pueda en última instancia trascender las viejas formas que no conducen a la justicia».

P.J. Andrews, miembro de la Oficina, señaló que la preocupación del foro en torno a la injusticia racial daba pie a una pregunta más amplia: «¿Cuáles son las bases espirituales y morales que necesita una sociedad para mantenerse unida y avanzar?».

«Esto es una de las cosas que la religión tiene para ofrecer a la vida de la nación y forma parte de lo que este diálogo trataba de alcanzar. Desde el principio, esperábamos que estos materiales pudiesen ayudar a otros a seguir investigando este tema en sus propias comunidades».

Reflexionando sobre la publicación, Zabihi retomó un reto crucial en la vida estadounidense. «En la historia de Estados Unidos ―afirmó―, ha habido progresos y reveses en el camino para superar la injusticia racial. Buscamos el espíritu que reunirá a todos en torno a esta labor».

Iluminados por la Unidad ofrece una aportación a esa búsqueda: una serie de recursos que nacen del diálogo sostenido, probados en las relaciones de confianza y animados por la convicción de que para superar las divisiones raciales se requiere no solo nuevas políticas y un nuevo lenguaje, sino también una renovación más profunda del pensamiento, de las relaciones y del propósito colectivo.

Imágenes de algunos espacios en los que, durante los últimos cinco años, se han llevado a cabo los debates sobre la injusticia racial. Las conclusiones e ideas de estos encuentros se recogen ahora en una nueva publicación Iluminados por la unidad: recursos y reflexiones a partir de un diálogo multiconfesional para superar el racismo y en su página web complementaria.
Algunas imágenes de «Una empresa común», una serie de actos organizados por la Oficina de Asuntos Externos que, a comienzos de este año, promovieron diálogos sobre la renovación espiritual, la confianza social y el futuro de la nación.

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