En una reunión de vecinos de Batouri (Camerún) y las comunidades de los alrededores, se ha presentado el proyecto de la primera Casa de Adoración bahá’í local del país.

BATOURI, Camerún — En la lengua del pueblo gbaya del este de Camerún, el vocablo gbàssàrà significa tres cosas a la vez: el pilar que soporta el peso de un hogar, un pájaro que guía con su canto al cazador en el bosque y el instrumento cuyo sonido resuena por todo el pueblo para convocar a la comunidad a reunirse. El diseño, presentado hoy, de la Casa de Adoración bahá’í local, que se construirá en un terreno junto al río Kadey, se inspira en esta metáfora, que dará forma arquitectónica al futuro templo: un pilar de fortaleza espiritual colectiva, un guía en la búsqueda de la verdad y un invocador a la unidad de la humanidad.
Ayer se reunieron en el lugar unos mil participantes —representantes oficiales, dirigentes tradicionales, miembros de las instituciones bahá’ís nacionales, regionales y locales, así como niños, jóvenes y adultos de los pueblos cercanos—, en un ambiente de ilusión.
Matala Kassara Hilaire, dirigente tradicional de una localidad cercana, había expresado esa misma ilusión en una reunión espontánea celebrada con júbilo tras el anuncio de la presentación del diseño del templo. «Estamos verdaderamente orgullosos. Nuestra comunidad ha sido bendecida con un templo», afirmó. Consciente de que se están construyendo otras Casas de Adoración locales en todo el mundo, declaró que, en su opinión, cada una de ellas supone un faro en su propio territorio.
El jefe Hilaire declaró: «Lo que sucede en otros lugares también está ocurriendo en Batouri».
En su intervención durante el acto, Godlive Mboke, miembro de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de Camerún, reflexionó sobre la naturaleza del templo: «Los escritos bahá’ís se refieren a la Casa de Adoración como un Mashriqu’l-Adhkár, que significa «Lugar del amanecer de la alabanza de Dios», afirmó.
Mboke agregó que estos templos bahá’ís encarnan un nuevo concepto de los espacios de adoración. Aunque sirven como santuarios para la oración y la meditación, también son centros de unidad para todos los pueblos, donde la armonía entre la adoración y el servicio a la humanidad halla su expresión práctica.
Alain Pierre Djoulde, miembro del Cuerpo Continental de Consejeros de África, se refirió a los principios que animarán la futura Casa de Adoración. «El primero es la unidad de la humanidad, que se manifestará en el hecho de que cientos de personas de diferentes tradiciones religiosas y de todos los sectores de la sociedad se reunirán para alabar y adorar a Dios en este lugar», afirmó.
Djoulde prosiguió con la descripción de la Casa de Adoración como un lugar dedicado a la educación que fomentará el desarrollo de las capacidades individuales y colectivas y las canalizará hacia el progreso de la vida comunitaria. «Inspirará el servicio», afirmó, al explicar lo que sucede cuando personas de diferentes contextos, con diferentes habilidades e intereses, se reúnen con el propósito explícito de contribuir a la mejora de sus barrios y pueblos. «Áreas como la salud, la agricultura y el progreso de las mujeres se verán beneficiadas. Esto supondrá una aportación a la sociedad más allá de la localidad».
Los arquitectos describieron de qué manera el paisaje circundante influyó en su proyecto. El río Kadey, una presencia tranquilizadora en la zona, inspiró el planteamiento inicial del templo: un camino que recuerda los meandros del río y guía a los visitantes en un paseo contemplativo hacia la Casa de Adoración.
«El diseño está unido al pájaro local conocido como gbàssàrà», explicó Nde Facorb, uno de los arquitectos del proyecto. Nueve de estos pájaros, erguidos, se elevan hacia un punto común en su corona para formar el edificio central, evocando la unidad en diversidad.
La artesanía local y las tradiciones arquitectónicas también se han incorporado al diseño. «La cúpula, con la misma forma que las casas típicas con tejados a dos aguas, permitirá el paso de la luz y las prolongaciones formarán un espacio cubierto para los visitantes», agregó Ali Tiati, otro de los arquitectos. «Las aberturas en las paredes reflejarán las industrias locales como la agricultura y el textil, a la vez que permitirán el paso de la luz al interior del templo».
Damboura Moïse, jefe principal de Batouri, declaró: «La llegada de este templo hace realidad el mensaje de nuestros ancestros, quienes decían que debemos dar la bienvenida a todo el mundo. Ese es el espíritu del templo: está abierto a todas y a todos».
El alcalde de Batouri, Auberlin Mbelessa, reflexionó de manera similar sobre la importancia de contar con un lugar dedicado a la adoración en el pueblo. «Cuando un lugar se consagra a Dios, debemos alegrarnos y trabajar por el éxito del proyecto», afirmó.