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La CIB analiza en la comisión la justicia como una capacidad compartida

La delegación de la CIB en la 70.ª sesión analiza cómo la justicia para las mujeres y niñas exige un compromiso moral común de individuos, comunidades e instituciones.

10 de abril de 2026

CIB NUEVA YORK — Cuando la justicia queda reducida a una cuestión exclusivamente de acceso al sistema legal, algo fundamental se pierde por el camino. La 70.ª sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW en inglés), cuyo tema prioritario se centró en el acceso a la justicia para todas las mujeres y niñas brindó a la Comunidad Internacional Bahá’í (CIB) la oportunidad de incorporar a los debates una perspectiva que reconoce el papel indispensable de los marcos legales y de los sistemas formales si bien dejando a ambos bien atrás.

«Este año, en la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, pretendíamos ofrecer una reformulación de la justicia — una que tuviera por objetivo sanar y fortalecer los lazos sociales— y cuál sería el resultado si fuese aceptada por parte de los individuos, las comunidades y las instituciones», afirmó Liliane Nkunzimana, representante de la Comunidad Internacional Bahá’í, en declaraciones al Servicio de Noticias.

Liliane Nkunzimana, representante de la Comunidad Internacional Bahá’í, en su alocución en un acto de la 70.ª Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW70. Este año la CIB se propuso ofrecer una nueva concepción de la justicia —una que aspire a sanar y a fortalecer los lazos sociales— y explicar cómo se traduciría en la práctica si fuera adoptada por los individuos, las comunidades y las instituciones.

En su declaración (en inglés) ante la Comisión, con el título «Reconceptualizar la justicia: sentar las bases para un mundo con igualdad de género», la Comunidad Internacional Bahá’í señalaba que, si bien los avances jurídicos siguen siendo indispensables, la experiencia ha demostrado que las leyes y las estructuras solo perduran en la medida que lo haga el compromiso personal de quienes se ven afectados por ellas.

«Una cosa es reconocer la justicia como principio, y otra muy diferente aceptarla de todo corazón en la conducta propia y más arduo aún es remodelar las normas sociales y las instituciones para expresarla a nivel colectivo», afirmó Nkunzimana.

«La vida cotidiana de las mujeres y de las niñas están modeladas tanto por los sistemas formales como por los supuestos culturales y el cambio duradero exige que se preste atención a ambos», agregó.

Liliane Nkunzimana, representante de la CIB, participó en un acto paralelo ante la Comisión organizado en la Capilla del Centro Eclesiástico, que reunió a mujeres promotoras de la paz, activistas contra el desarme y protagonistas de la sociedad civil para analizar el papel fundamental que las mujeres ejercen en la promoción de una cultura de paz. Entre las asistentes estuvieron: Jasmin Nario-Galace (abajo izquierda), directora principal de programas de la Red Mundial de Mujeres Promotoras de la Paz; Doris Mpoumou (abajo, segunda por la derecha), representante especial de ONU Mujeres ante la Unión Africana; y Adedeji Ebo (abajo derecha), diputada ante el Alto Representante para Asuntos de Desarme.

Cada año, la Comisión celebra un momento de reflexión y de renovado compromiso en la labor presente hacia la igualdad y el progreso de las mujeres y de las niñas. La Comunidad Internacional Bahá’í contempla la Comisión como un espacio de diálogo, seleccionando puntos de interés común con otros participantes y aportando a una búsqueda común de comprensión, en lugar de limitarse a presentar una determinada postura.

Este año, a una delegación compuesta por veintiún personas de las oficinas de la Comunidad Internacional Bahá’í de Addis Abeba, Ginebra, Nueva York y Yakarta se unieron representantes de las Oficinas Bahá’ís de Asuntos Externos de los cinco continentes. Organizaron y coorganizaron unos doce actos. Y en cada uno de estos foros, la delegación pretendió vislumbrar «la interacción entre el compromiso personal con la justicia, la promoción de normas justas dentro de las comunidades y la capacidad de las instituciones para dar expresión a ambas», afirmó Nkunzimana.
said Ms. Nkunzimana.

May Sabet, miembro de la comunidad bahá’í de Australia, compartió sus impresiones sobre su barrio de Melbourne, en el que las familias comparten un sentido de responsabilidad compartida hacia el progreso de las mujeres y las niñas, en un acto organizado conjuntamente por la CIB y la Oficina de Asuntos Externos de Australia, y con el patrocinio del Gobierno australiano.

Un hilo conductor de la aportación de la Comunidad Internacional Bahá’í fue el concepto de familia como el primer foro en el que se nutren los corazones y las mentes. En un acto de la CIB copatrocinado también por el gobierno australiano, May Sabet, residente en Melbourne, describió la experiencia de las familias de su barrio, en el que más de cien hogares se han unido mediante los programas educativos bahá’ís. Estos programas aspiran a fomentar la capacidad de los jóvenes para servir a su comunidad. Sabet citó las reflexiones de una madre: «Solía pensar solo en mi hija, interesándome por que estuviera bien y a salvo. Luego empecé a darme cuenta de que su seguridad está garantizada por toda la calle. Ahora cuando llego conduciendo a casa, soy consciente de todos los demás niños».

Esta ampliación gradual del sentido de responsabilidad —desde el hogar individual a la comunidad más amplia— es el tipo de cambio que la Comunidad Internacional Bahá’í pretendía destacar como una dimensión de la justicia que frecuentemente se pasa por alto en los debates políticos.

Ruth Cross Kwansing, ministra de la Mujer, la Juventud, Deportes y Asuntos Sociales de Kiribati, se contó entre las ponentes de la mesa redonda titulada «La justicia como empeño común: promover la igualdad de género por parte de las comunidades, las instituciones y una colaboración más estrecha», que fue organizada por la Comunidad Internacional Bahá’í y la Oficina Bahá’í Australiana de Asuntos Externos, y copatrocinada por el Gobierno de Australia.

Estos diálogos no quedaron limitados a los foros de la Comisión. En los meses previos a la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, las oficinas bahá’ís de asuntos externos de determinados países del mundo celebraron sus propias mesas redondas con agentes sociales, protagonistas de la sociedad civil y autoridades gubernamentales para reflexionar sobre qué exige la justicia, en sus aspectos más amplios, de los individuos, de las comunidades y de las instituciones.

Uno de estos encuentros se produjo en Kiribati, donde Ruth Cross Kwansing, ministra de la Mujer, la Juventud, Deportes y Asuntos Sociales, consideró que los debates invitaban a la reflexión y que ofrecían un espacio para profundizar, junto a otras personas, sobre las dimensiones morales y espirituales del principio de la justicia. Kwansing se unió posteriormente a la Comunidad Internacional Bahá’í en un acto complementario durante la misma Comisión, en el que ofreció una vívida expresión de la justicia como capacidad: «Una capacidad no es meramente una ley, una legislación o un programa. Es algo que se cultiva en las personas, en nuestras relaciones y en nuestras instituciones con el paso del tiempo. Al igual que la salud de un arrecife de coral, se puede fortalecer».

Nkunzimana manifestó el anhelo de la Comunidad Internacional Bahá’í de que la propia Comisión pueda crear más foros que atraigan a una amplia variedad de personas interesadas, de manera que se minimice la competición, se fomente el compromiso compartido con los principios morales y se construya unidad de visión como la base para la acción colaborativa.

Rachel Bayani, representante principal de la Comunidad Internacional Bahá’í ante la ONU, en uno de los actos organizados por la CIB durante la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW) de este año.

Al cierre de uno de los actos de la Comunidad Internacional Bahá’í ante la ONU en su oficina de Nueva York durante la segunda semana de la Comisión, Rachel Bayani, representante principal de la CIB ante la ONU, ofreció una reflexión que enlazaba los diferentes temas tratados en las dos semanas de reuniones. «La base de la justicia para cualquier sociedad es la comprensión de la unidad de la humanidad y de la igualdad de mujeres y hombres. Puesto que solo si creemos que somos una sola familia humana podremos tener la convicción de que cada individuo y cada comunidad tiene una aportación irreemplazable que realizar».

Foto de grupo de algunos miembros de la delegación de la CIB ante la Comisión

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