Cuatro consejeros de varias regiones debaten cómo los programas educativos bahá’ís ayudan a los jóvenes a descubrir su identidad y su propósito a través del servicio.

CENTRO MUNDIAL BAHÁ’Í — En un nuevo episodio de Entrevistas, cuatro miembros de los Cuerpos Continentales de Consejeros describen la forma en que las comunidades de varios países están aprendiendo a acompañar a los jóvenes en un camino que aporta coherencia a todas las dimensiones de sus vidas: desde la primera adolescencia hasta la universidad y la vida matrimonial y familiar.
«Lo que intentamos descubrir es cómo podemos ayudar realmente a promover la coherencia en la vida de un joven», reflexiona Jeffrey Sabour, miembro del Cuerpo de Consejeros de Australasia. «¿Cómo pueden su identidad espiritual, así como sus esperanzas y aspiraciones espirituales dar sentido a las dimensiones materiales de su vida?»
Esta cuestión de la coherencia —la forma en que los aspectos espirituales y materiales del desarrollo de un joven pueden reforzarse mutuamente en lugar de competir entre sí— recorre el amplio diálogo, que se nutre de experiencias de Malasia, Nueva Zelanda, Filipinas y Estados Unidos.
Descubrir la identidad espiritual, fomentar el propósito
Varios invitados describen la forma en que los programas bahá’ís de educación moral y espiritual para jóvenes están ayudando a los participantes a desarrollar un sentido de identidad basado en la realidad espiritual, en lugar de estar condicionados por las presiones de la cultura de consumo y las redes sociales.
Sabour señala que los jóvenes son «objeto de un ataque agresivo» por parte de fuerzas que reducen su sentido de identidad a las apariencias, la popularidad y los logros materiales. Cuando no pueden cumplir con estos criterios, dice, «a los 12 o 13 años, piensan: ¿quién soy? No soy nada».
En contraste, el programa de empoderamiento espiritual para jóvenes ofrece una perspectiva diferente: «Un ser humano es un alma, es una mente, es capaz de alcanzar la belleza mediante la adquisición de cualidades como la veracidad, el amor, la compasión y la generosidad».
Este proceso de formación de la identidad no se produce de forma aislada. Melonna Njang, miembro del Cuerpo de Consejeros de Asia, destaca que los jóvenes exploran su identidad espiritual «en un entorno colectivo», donde el propio grupo se convierte en un contexto para el crecimiento.
«El cambio no se produce realmente gracias a los esfuerzos individuales —explica Njang—, sino en un entorno colectivo, al contar con ese grupo en el que se busca la verdadera identidad de forma conjunta y, posteriormente, se expresa en el campo del servicio»
La dimensión intergeneracional de este proceso también es importante. Tal y como lo describe Njang, los jóvenes que descubren sus propias capacidades comienzan de forma natural a servir a las generaciones más jóvenes, y «hasta las relaciones se redefinen» a medida que se fortalecen los lazos entre los distintos grupos de edad dentro de una comunidad.
El servicio como hilo conductor
Un tema recurrente en el diálogo es la idea de que el servicio no es una actividad más entre muchas otras, sino el hilo conductor que da sentido a la educación, al trabajo y a las relaciones.
Sabour comparte una experiencia de su barrio en Nueva Zelanda. Un grupo de unos cinco jóvenes, de entre 15 y 16 años, que habían participado en el programa de jóvenes de 15 a 17 años, se dieron cuenta de que algunos compañeros más jóvenes de su comunidad tenían dificultades con la comprensión lectora.
Tras consultarlo, decidieron crear un grupo de tutoría semanal. «Lo que empezó a ocurrir fue que los jóvenes de 15 y 16 años se volvieron mucho más responsables —recuerda Sabour—. Se podía ver que ellos también estaban progresando en su propia comprensión y en su propio desarrollo intelectual».
Nicholas Loh, miembro del Cuerpo de Consejeros para Asia, señala que, en muchos países que conoce bien, los jóvenes oyen cada vez más, tanto de sus compañeros como de otras personas, que el mundo es demasiado difícil de cambiar y que lo mejor es que se ocupen únicamente de sí mismos.
Involucrar a los jóvenes en una conversación sobre el servicio, dice, se ha convertido en «una conversación de esperanza». Loh señala que las comunidades están aprendiendo que pensar en la comunidad «podría constituir parte de la educación de uno», ya que las cualidades y actitudes desarrolladas a través del servicio fortalecen el propio crecimiento de los jóvenes.
Con el tiempo, esta orientación hacia el servicio se extiende a etapas posteriores de la vida. Loh describe cómo, en algunas comunidades donde los jóvenes se han involucrado profundamente en el servicio, el enfoque hacia el matrimonio también está empezando a cambiar. Las parejas jóvenes están empezando a pensar en el matrimonio y la familia no como un retiro a la vida privada, sino como una profundización de su capacidad para servir a sus comunidades.
La vida intelectual y los años universitarios
El diálogo gira en torno a las formas en que estos patrones de servicio y reflexión se plasman en el contexto universitario. Natasha Bruss, miembro del Cuerpo de Consejeros de América, describe la función del Instituto de Estudios sobre la Prosperidad Global (IEPG), uno de cuyos objetivos es investigar, junto con otros, los papeles complementarios que la ciencia y la religión pueden desempeñar en el avance de la civilización.
Los seminarios del Instituto, explica Bruss, ayudan a los estudiantes universitarios a reflexionar sobre la manera de enfocar sus estudios académicos poniendo el servicio en el centro.
«Este camino que los jóvenes tienen ahora a su disposición durante los cuatro años de sus estudios de grado es realmente importante —afirma Bruss—, porque les permite plantear esas preguntas difíciles a un grupo de amigos a lo largo de sus estudios».
Loh describe el caso de un estudiante universitario que, tras participar en este tipo de encuentros, comenzó a organizar sesiones informales periódicas en las que sus compañeros podían analizar la relación entre ciencia y religión. Según él, estos espacios sociales están en auge en algunas universidades, a medida que más estudiantes descubren que buscar la armonía entre la ciencia y la religión como dos sistemas de conocimiento abre nuevas formas de pensar.
Bruss añade que, en algunos campus, los jóvenes se reúnen para celebrar encuentros de oración seguidos de debates más profundos sobre los temas a los que se enfrentan. En Estados Unidos, durante una serie de conferencias juveniles sobre la reflexión en torno a las actividades de construcción de comunidad, los jóvenes estudiaron un mensaje de la Casa Universal de Justicia a la comunidad bahá’í estadounidense que aborda la injusticia racial.
Este mensaje, comenta Bruss, ayuda a los jóvenes a ver su servicio en el contexto de la construcción de una sociedad con «la unidad en el centro».
Cómo hacer frente a la ansiedad y el aislamiento
Los invitados también reflexionan sobre los crecientes retos que plantean la ansiedad, la depresión y el aislamiento entre los jóvenes, retos que Njang describe como «muy nuevos» para las sociedades comunitarias del sudeste asiático, donde las fuerzas del individualismo y el materialismo se han ido afianzando cada vez más en los últimos tiempos.
En este contexto, el simple hecho de reunirse en un círculo de estudio para examinar conceptos espirituales está ayudando a los jóvenes, comenta Njang, «a combatir estos sentimientos de soledad al compartir un sentido común de propósito». Njang subraya que este proceso ayuda a los jóvenes a reconectarse con «su nobleza» y ofrece un contexto colectivo para analizar su identidad y servir a los demás.
Loh señala que, cuando grupos de jóvenes se reúnen en un entorno orientado al servicio y al estudio, algo cambia: «Si alguien decide dejar el móvil por iniciativa propia, eso significa que debe de haber encontrado algo más valioso». En lugar de ser esclavos de la tecnología, afirma, los jóvenes en estos entornos están empezando a trazar «un nuevo camino» en el que la tecnología está al servicio de su labor en las comunidades.
Bruss reflexiona sobre el hecho de que hay algo intrínsecamente sanador en volverse hacia los demás: «Cuando te diriges a los demás para ayudarles, tus dificultades comienzan a desaparecer. El servicio es el mejor remedio sanador para la humanidad».
Este episodio de podcast forma parte de la serie Entrevistas, un análisis colectivo en el que varias personas reflexionan sobre la aplicación práctica de los principios bahá’ís para la construcción de sociedades pacíficas.