
En mesas redondas de alto nivel y una «mini-COP» juvenil, las aportaciones bahá’ís a la COP30 analizan el papel de la ética en la toma de decisiones sobre el clima.
BELÉM, Brasil — ¿Qué tipo de motivación puede impulsar la ejecución de las difíciles decisiones necesarias para combatir el cambio climático, no solo en la actualidad sino para las generaciones venideras? Esta cuestión fue el tema central de las aportaciones de la Comunidad Internacional Bahá’í (CIB) a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), celebrada en Belém (Brasil) en la que se reunieron más de cincuenta mil participantes para examinar la brecha entre los compromisos climaticos y su implementación.
Tras la conferencia, Daniel Perell, uno de los representantes de la Oficina de Nueva York de la Comunidad Internacional Bahá’í compartió algunas impresiones con el Servicio Internacional de Noticias Bahá’ís, Comentó que muchos debates polarizantes están evolucionando gradualmente hacia cuestiones más complejas sobre la forma en que la humanidad puede actuar conjuntamente.
Perell, junto con otros siete delegados y delegadas de la Comunidad Internacional Bahá’í procedentes de Australia, Brasil, los Estados Unidos y el Reino Unido, participó en una serie de debates en la conferencia, además de en los actos paralelos celebrados por todo Belém.
Uno de los rasgos característicos de la conferencia fue el Balance Ético Mundial (GES en inglés), un nuevo proyecto de la Presidencia de la COP30 que invitó a individuos e instituciones de todo el mundo a reflexionar sobre las dimensiones éticas del cambio climático.
En el pabellón del Balance Ético Mundial, la Comunidad Internacional Bahá’í coorganizó un foro bajo el título «El papel de las comunidades religiosas en la creación de una ética de atención y de justicia climática», que se apoyó en las experiencias mundiales de las labores de desarrollo comunitario.
En sus intervenciones en ese foro, Perell habló de ampliar el sentido de solidaridad de la humanidad, aceptando que las decisiones de hoy determinarán las posibilidades disponibles para las generaciones venideras. «En realidad, las medidas urgentes exigen un pensamiento a largo plazo y un enfoque a largo plazo también, teniendo en cuenta a las generaciones futuras y nuestra responsabilidad para con ellas», afirmó.
Perell contrastó los enfoques que se basan principalmente en incentivos financieros con aquella otra motivación que se ve en las familias, donde las personas actúan por el bienestar de sus hijos y sus nietos, por amor y por responsabilidad moral. Sugirió que incluir estas consideraciones éticas en los debates sobre el clima puede liberar reservas más profundas de valentía y de perseverancia.
Las cuestiones relacionadas con la preocupación por el bienestar colectivo de la humanidad también constituyeron el foco de un acto oficial paralelo con el título «De los principios a las políticas: vías nacionales para abordar las pérdidas y los daños», organizado conjuntamente por la Comunidad Internacional Bahá’í y el Gobierno de Vanuatu.
Abordar las pérdidas y los daños requiere algo más que meros mecanismos técnicos, señaló Vahid Vahdat de la Oficina de Asuntos Externos de la Comunidad Bahá’í de Brasil. «Solo podremos afrontar estos retos si también recurrimos a nuestras mejores cualidades como civilización», afirmó.
Vahdat recalcó la necesidad de combinar el análisis científico con el diálogo, la confianza y la aceptación de que la humanidad es una sola familia. En el acto se analizó la forma en que las comunidades podrían desarrollar planteamientos holísticos ante los retos climáticos, teniendo en cuenta las vulnerabilidades junto con las capacidades y las aspiraciones, y garantizando que las poblaciones locales puedan identificar los retos, analizar las circunstancias y emprender acciones colectivas. Esta visión, declaró Vahdat, considera a las personas como protagonistas del cambio social y la resiliencia, en lugar de meras víctimas.
Fuera de la sede oficial de la conferencia, los debates se enfocaron en los temas de la ética y la motivación en un foro TED titulado «La crisis climática es una crisis espiritual: Un balance ético mundial multiconfesional».
Moderado por Nika Sinai de la Oficina de Asuntos Externos de la comunidad bahá’í de Australia, el debate reunió a representantes de diferentes tradiciones religiosas y grupos de la sociedad civil para analizar la forma en que principios y valores como la justicia, la compasión y la veracidad pueden inspirar decisiones valientes y la forma en que el conocimiento científico y la visión espiritual pueden verse como sistemas complementarios de conocimiento que juntos pueden guiar una acción climática eficaz.
«Reducir las emisiones exige soluciones técnicas que nos son familiares y también requiere un sentido de la compasión y de la justicia para entender que nuestras elecciones como emisores y como consumidores de energía tienen repercusiones en toda la Tierra e impactan tanto en nuestros congéneres como en el planeta que compartimos ―afirmó Sinai―. Por lo tanto, combinamos estos dos sistemas de conocimiento complementarios (ciencia y religión) en nuestras acciones por resolver la crisis climática».
La contribución de la comunidad bahá’í de Brasil a la COP30 se valió de la experiencia de los programas de educación moral y espiritual que tienen como objeto desarrollar la capacidad de los jóvenes para contribuir a la acción medioambiental.
Antes de la conferencia, la Oficina Bahá’í de Asuntos Externos de aquel país colaboró con la escuela Vila do Boa Classe y con las organizaciones locales en el Distrito Federal para celebrar una «mini-COP» en la que niños y jóvenes reflexionaron sobre el tema «¿Cuál es el pueblo de nuestros sueños? y conectaron sus esperanzas con el trabajo práctico como plantar árboles, proteger los manantiales y mejorar la gestión de los residuos en su barrio. Esta reunión formó parte de una serie más amplia de diálogos sobre el Balance Ético Mundial organizadas por las comunidades bahá’ís de varios países, creando canales por los que las reflexiones a nivel local pudieran nutrir los debates en la COP30.
«Los conocimientos técnicos sobre el cambio climático ya muestran muchos de los pasos que hay que dar ―afirmó Luisa Cavalcanti, miembro de la Oficina de Asuntos Externos―. Lo que a menudo se encuentra ausente es la voluntad ética que puede hacer progresar los procesos de toma de decisiones».
Cavalcanti explicó que la mini-COP, así como la sesión pública posterior en la Cámara de los Diputados de Brasil, permitieron a los jóvenes manifestar sus preocupaciones y aspiraciones en sus propias palabras. «Vemos que los niños y los adolescentes no solo son el futuro, sino que ya están actuando en sus comunidades», afirmó.
Estas experiencias sirvieron directamente de base para el foro de la comunidad bahá’í brasileña en la Zona Verde COP30 con el título «Convergencia en diversidad: unir a diferentes actores sociales en torno a unos objetivos medioambientales comunes».
La reunión convocó a grupos de jóvenes, educadores, organizaciones de la sociedad civil y representantes de instituciones públicas para analizar la forma en que los diferentes puntos de vista pueden complementarse entre sí en la acción climática.
En las reflexiones que estos asistentes compartieron con el Servicio de Noticias se destacó la importancia de la colaboración intergeneracional y la construcción de convergencia como un esfuerzo continuo y activo, que exige una escucha atenta, una cooperación y una presencia constante en la vida de las comunidades.
Reflexionando sobre los diversos foros de este año, Perell declaró: «La ciencia del cambio climático se vuelve cada vez más diáfana».
«Lo que falta por contestar son, en esencia, las cuestiones éticas. La forma en que las respondamos y las voces que incluyamos determinarán el tipo de mundo que legaremos a quienes vengan después de nosotros».