
El Consejero Taraz Nadarajah comparte relatos de las familias y jóvenes de Sídney que contribuyen a crear nuevos modelos de vida comunitaria.
CENTRO MUNDIAL BAHÁ’Í — En el nuevo episodio de Aprendizajes del terreno, Taraz Nadarajah, miembro del Cuerpo de Consejeros de Australasia, describe cómo están surgiendo nuevos modelos de vida comunitaria, en diferentes entornos de la ciudad de Sídney (Australia), gracias a los programas bahá’ís de educación moral y espiritual, así como en iniciativas de acción social, lo que contribuye a crear barrios más resilientes.
Nadajarah describe cómo en Sídney, al igual que en numerosos entornos urbanos del planeta, gran parte de la población comparte una aspiración común: «El deseo de que las personas se conecten entre sí con un sentido de propósito más profundo [...] y de que tengan relaciones que vayan más allá de las conexiones meramente materiales y humanas, más bien incluso de naturaleza espiritual».
La comunidad bahá’í, junto con otras actores comprometidos con la labor de construcción de comunidad, explica el Consejero, está aprendiendo la manera de «dar pasos más prácticos para construir una sociedad, para hacerla progresar, para edificarla sobre principios de confianza, camaradería y de amor».
Un denominador común en estos barrios —señala— es la creciente conciencia de la importancia de la educación espiritual de los niños. En un barrio del norte de Sídney, este proceso comenzó con la amistad entre dos madres que se conocieron mientras acompañaban a sus hijos al colegio. «Hablaban sobre la educación de sus hijos y de sus preocupaciones como madres por su desarrollo», explica Nadarajah.
Juntas, las madres reflexionaron sobre cómo abordar estas inquietudes y decidieron reunir a las familias de su localidad para celebrar un festival para niños, que con el tiempo se amplió para dar acogida a un círculo cada vez mayor de hogares que se involucraron en el proceso.
Estos festivales, a los que se invita a las familias a reunirse durante unos días para reflexionar y dialogar como comunidad, han «permitido realmente que crezcan los lazos de amistad», reflexiona Nadarajah.
Al oeste de Sídney, el proceso ha tomado otro rumbo. En una zona de la ciudad donde, en palabras de Nadarajah, muchos jóvenes se enfrentan a importantes desafíos, un grupo de jóvenes que participan en los programas bahá’ís de educación moral y espiritual reaccionó frente a la cultura de violencia en su centro educativo con la producción de un vídeo. Partiendo de ideas como la amistad y la capacidad de ver lo mejor en los demás, recrearon escenas de su entorno escolar en las que el conflicto era la norma, junto con alternativas que guiaban hacia respuestas más constructivas.
Según Nadarajah, los profesores «comenzaron a observar un cambio significativo en muchos de sus estudiantes» como resultado de la implicación de los jóvenes en la creación de una base moral y espiritual en su localidad. En un entorno en el que la educación no se había valorado mucho, la participación en estos programas ha contribuido a dar un giro a las aspiraciones de la comunidad, convirtiéndose muchos jóvenes en los primeros de su grupo familiar en acceder a los estudios universitarios.
Al sur de Sídney, se han llevado a cabo iniciativas entre una población, en muchos casos recién llegados a Australia, que transitan por una cultura, una lengua y una forma de vida distintas. Un grupo de seis madres se unieron para establecer una organización centrada en promover el bienestar físico y mental de su comunidad.
A medida que esta labor se fortalecía, fue creciendo el deseo de atender no solo las necesidades materiales, sino la vida espiritual de la comunidad, lo que dio lugar a festivales de niños y reuniones comunitarias en las que las personas pudieron estudiar de forma colectiva conceptos como la oración entendida como «una conversación con Dios». Lo que llama la atención en esta población específica, destaca Nadarajah, es que estos procesos están dirigiendo a los niños, los jóvenes y los padres en un viaje conjunto dentro de un «contexto de empoderamiento».
A lo largo de la última década, los esfuerzos por comprometer a los jóvenes en un pequeño número de actividades se han extendido a cientos de barrios de Sídney. «La comunidad bahá’í, en los últimos años y décadas, ha dado pasos importantes, a la vez que pequeños, profundos y persistentes —reflexiona Nadarajah— para poner en práctica de verdad la visión de Bahá’u’lláh, que es la universalidad».
«Esta apertura hacia la idea de que muchas personas participen es bien recibida por la comunidad bahá’í y se está convirtiendo en parte del tejido social de muchas sociedades locales de los alrededores de Sídney».
Este episodio de podcast forma parte de la serie Aprendizajes del terreno, que ofrece testimonios de primera mano que narran iniciativas bahá’ís concretas en el campo de la acción.