OTAVALO, Ecuador — Una iniciativa en marcha en Otavalo (Ecuador) con el nombre de Proyecto Yuyay, está permitiendo a las familias relacionar conceptos de los programas bahá’ís de educación moral y espiritual con manifestaciones artísticas que conectan profundamente con las tradiciones culturales kichwa.
El Proyecto Yuyay, un vocablo que significa «reflexionar» o «pensar» en kichwa, ha evolucionado desde unas pequeñas representaciones teatrales de varios jóvenes en 2014 hasta un proyecto cada vez mayor en el que las familias han pasado de ser espectadoras a participantes activas tanto en los procesos creativos como en los de aprendizaje. La iniciativa involucra a familias enteras que crean cortometrajes, bailes, piezas teatrales y música en las que se exploran temas como el servicio a la sociedad y el progreso colectivo.
«A través de formas artísticas variadas, las familias analizan los desafíos que afrontan y las aspiraciones que comparten ―declaró María Luz Perugachi, coordinadora del proyecto―. Aprenden a expresar estos conocimientos juntos, posibilitando que las familias reflexionen sobre sus experiencias en el proceso de construcción de la comunidad».
Perugachi añadió que el proyecto ha ido evolucionando desde actividades artísticas aisladas para llegar a constituir procesos prolongados que se integran en la vida comunitaria más amplia.
Perugachi agregó que muchos participantes sirven simultáneamente como maestros de clases de niños, animadores de grupos prejuveniles o tutores de otros programas de educación moral y espiritual, integrando su trabajo artístico con las actividades de construcción de comunidad, más amplias.
«Todo el mundo tiene algo que ofrecer», declaró Jorge Villarruel, miembro de la comunidad bahá’í de Otavalo, indicando que el proyecto ha generado una atmósfera en la que personas de diferentes edades y procedencias se sienten bienvenidas y valoradas.
«Estas actividades están fortaleciendo la identidad cultural y un sentido de pertenencia. Ayudan a los participantes a valorar y a respetar las tradiciones culturales, además de a valorar y a respetar las tradiciones de otras culturas presentes en la región», afirmó Villarruel.
Villarruel observó que, con este proceso, el arte que surge de las actividades de construcción de comunidad se convierte en algo más que una simple actuación. Se convierte en un medio para el progreso personal y colectivo y en un puente entre generaciones. «Es una forma de que la comunidad se sienta parte de algo mucho mayor», afirmó.
El espíritu del proyecto trasciende el vecindario y se expande a otros escenarios. Alicia Bautista, una maestra que incorpora los vídeos yuyay en su clase, ha visto cómo los estudiantes reflexionan sobre las escenas sacadas de situaciones cotidianas y crecen en perseverancia, responsabilidad y consideración en el hogar.
Para muchos jóvenes participantes como Alex Rosales, su implicación ha mejorado cómo se relacionan con su comunidad. «El proyecto me ayudó a ver mi realidad social con mayor empatía y responsabilidad, centrándome en la importancia de la unidad, del esfuerzo constante y del servicio».