CIB de Bruselas: Fomentar la unidad y el sentimiento de pertenencia

18 de agosto de 2021

CIB DE BRUSELAS — Durante la pandemia, personas de todo el mundo han sido testigos de cómo una efusión de bondad y de generosidad entre vecinos puede convertir a extraños en amigos en un instante.

Al prestarse ayuda y colaborar entre sí, la gente ha experimentado momentos de conexión con algo más grande que ellos mismos. Los medios de comunicación han confirmado que la suya no fue una experiencia aislada, y que muchas personas han sentido un fuerte sentimiento de pertenencia, no solo hacia su barrio y su nación, sino hacia la familia humana.

Estas observaciones de la Oficina de Bruselas de la Comunidad Internacional Bahá’í (CIB) y las conclusiones derivadas de las actividades bahá’ís de construcción de comunidades han servido de base para los debates celebrados por la CIB bajo el título «Cocreación de barrios para el encuentro y la pertenencia».

Rachel Bayani, de la Oficina de Bruselas, afirmó: «Existe un número creciente de barriadas en todo el mundo en las que los residentes, implicados en procesos educativos bahá’ís destinados a crear capacidad de servicio a la sociedad, son capaces de encontrar puntos de unidad en torno a los cuales pueden cohesionarse e iniciar proyectos con fines comunes».

Y prosiguió: «Estas experiencias están demostrando que el sentimiento de unidad y de pertenencia crece cuando se crean espacios sociales para que la gente dialogue sobre las necesidades y emprenda actividades de acción social centradas en algún aspecto del bienestar de sus comunidades, como la educación de los jóvenes, la calidad del entorno físico o la forma de mejorar la nutrición y la salud».

El acto de lanzamiento de la serie, en el que participaron más de cien personas, se organizó conjuntamente con el intergrupo del Parlamento Europeo Lucha contra el Racismo y Defensa de la Diversidad, y Alliance4Europe. En los encuentros han participado responsables de la Unión Europea y de los municipios, urbanistas, profesores universitarios y agentes sociales.

Reunión celebrada recientemente por la Oficina de Bruselas de la Comunidad Internacional Bahá’í. Autoridades municipales y de la Unión Europea, urbanistas, profesores universitarios y agentes sociales estudiaron el papel del desarrollo urbano en el fomento del cambio social en barrios de gran diversidad. Presentación
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Reunión celebrada recientemente por la Oficina de Bruselas de la Comunidad Internacional Bahá’í. Autoridades municipales y de la Unión Europea, urbanistas, profesores universitarios y agentes sociales estudiaron el papel del desarrollo urbano en el fomento del cambio social en barrios de gran diversidad.

En el lanzamiento, la entonces alcaldesa de Dublín, Hazel Chu, destacó la complejidad de los problemas relacionados con el desarrollo urbano. Entre ellos, las disparidades económicas entre los barrios y las diferentes opiniones de los habitantes de los mismos, un problema que la pandemia no ha hecho más que exacerbar.

«Esto no solo es importante para Dublín ―señaló―. He consultado las estadísticas de otras ciudades, y se puede comprobar que los barrios ricos son cada vez más ricos, y los barrios pobres se quedan atrás. Las infraestructuras no llegan a los lugares en los que la gente piensa que no las cuidarían o que no deberían tenerlas».

El papel del diseño urbano en la creación de espacios públicos inclusivos en los barrios también ha sido un tema de gran interés en las reuniones.

Juliette Jestin, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), declaró: «El principio de inclusión debería estar entretejido en la propia estructura [de un barrio] desde las primeras etapas. [...] En lugar de diseñarlos para el mínimo común denominador, los espacios más eficaces aprovechan realmente las aportaciones de quienes los utilizan».

Otra participante, Talia Melic, una bahá’í de Francia investigadora de geografía urbana, planteó que la falta de espacios sociales abiertos a todos los habitantes de un barrio donde poder consultar los problemas de su comunidad podría obstaculizar la capacidad de la gente para actuar según su sentido de justicia y de responsabilidad colectiva.

«Una de las grandes injusticias de la separación en un barrio ―explica Melic― es que mucha gente ni siquiera es consciente de la desigualdad que existe en su propio bloque ni de las condiciones de vida de los vecinos del piso de al lado. Porque hay pocos espacios sociales, o ninguno, en los que puedan reunirse personas diversas.

»En última instancia, la unidad en la diversidad no es un fin en sí mismo [...] sino un medio para trabajar por la transformación de una comunidad que pueda reflejar las capacidades y la riqueza que aportan los diferentes individuos».