Se conmemora el llamamiento de ʽAbdu’l Bahá a la unidad al cumplirse un siglo del final de la Primera Guerra Mundial

26 de noviembre de 2018

CENTRO MUNDIAL BAHÁ'Í — El 26 de noviembre, los bahá’ís conmemoran el Día de la Alianza, un día dedicado al recuerdo de la posición única de ʽAbdu’l Bahá en la historia bahá’í. Un siglo después del final de la Primera Guerra Mundial, el conflicto más sangriento que la humanidad haya conocido hasta hoy. La conmemoración también recuerda los esfuerzos urgentes de ʽAbdu’l Bahá para promover la paz en los años que precedieron a la guerra, las decisivas medidas que tomó para aliviar el sufrimiento durante la crisis y la actualidad hoy en día de Su llamamiento a la paz.

Durante Su gira por Europa y Norteamérica de 1911 a 1913, ʽAbdu’l Bahá describió a menudo la condición de Europa como al borde de la guerra. Declaró en una charla en octubre de 1912 que «Dentro de dos años, una sola chispa bastará para hacer arder toda Europa. Para 1917, habrán caído reinos y habrán sacudido la tierra cataclismos».

Los periódicos informaron sobre sus conferencias destacando sus advertencias a la humanidad sobre una guerra inminente y la necesidad urgente de unificación:

• «Ha llegado el momento —afirma— de que la humanidad eleve el estandarte de la unidad del mundo humano...». (The New York Times, 21 de abril de 1912) • «APÓSTOL DE LA PAZ AQUÍ, PREDICE UNA GUERRA ESPANTOSA EN EL VIEJO MUNDO» (The Montreal Daily Star, 31 de agosto de 1912) • «EL APÓSTOL PERSA DE LA PAZ PREDICE UNA GUERRA EN EUROPA» (Buffalo Courier, 11 de septiembre de 1912) • «ʽAbdu’l Bahá insta a la paz mundial» (The San Francisco Examiner, 25 de septiembre de 1912)

En julio de 1914, Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia dando comienzo a la Gran Guerra.

Un artículo de The New York Times del 21 de abril de 1912 (en inglés) describe las charlas que ‘Abdu’l Bahá dio durante su visita a la ciudad. Presentación
12 imágenes
Un artículo de The New York Times del 21 de abril de 1912 (en inglés) describe las charlas que ‘Abdu’l Bahá dio durante su visita a la ciudad.

Observando la importancia que ʽAbdu’l Bahá dio a la cuestión de la paz, podemos leer en El siglo de la luz, una publicación encargada en 2001 por la Casa Universal de Justicia: «Desde un comienzo, ‘Abdu’l Bahá mostró gran interés en generar un nuevo orden internacional. Por ejemplo, es significativo que en Sus primeras referencias públicas en cuanto al propósito de Su visita al país hiciera particular hincapié en la invitación que el comité organizador de la Conferencia de Paz del Lago Mohonk Le había extendido para que Se dirigiese a esta audiencia internacional. [...] Aparte de lo dicho, la lista de personas influyentes con las que el Maestro departió durante largas horas tanto en Norteamérica como en Europa —sobre todo, personas que procuraban promover la meta de la paz mundial y el humanitarismo— refleja Su conciencia de la responsabilidad que la Causa tiene con el conjunto de la humanidad».

‘Abdu’l Bahá regresó el 5 de diciembre de 1913 a Haifa, entonces parte del Imperio Otomano. Consciente de la guerra que se avecinaba, tomó medidas para proteger a la comunidad bahá’í bajo su administración y para evitar una hambruna en la región. Una de sus primeras decisiones al regresar a Tierra Santa fue enviar a casa a todos los bahá’ís que estaban de visita desde el extranjero.

Menos de un año después, estalló la guerra en Europa. Cuando el Imperio Otomano se unió a las Potencias Centrales (Alemania y Austria-Hungría), las Potencias Aliadas (entre las que se incluían Francia, Gran Bretaña, y eventualmente Estados Unidos) formaron un bloqueo estricto alrededor de Haifa. La comunicación y los viajes dentro y fuera de la zona eran casi imposibles. Haifa y ‘Akká fueron arrastrados a la histeria de la guerra.

Para proteger a los bahá’ís residentes de Haifa y ‘Akká del peligro, ‘Abdu’l-Bahá decidió trasladarlos a una aldea drusa cercana llamada Abu-Sinan, mientras que Él permaneció en ‘Akká con solo un bahá’í. Sin embargo, el bombardeo de las fuerzas aliadas hizo necesario que finalmente se reuniese con los demás bahá’ís de la aldea; en un momento dado, un proyectil cayó, pero no explotó, en el Jardín de Riḍván cerca de ‘Akká. ‘Abdu’l Bahá hizo que los bahá’ís de Abu-Sinan establecieran un dispensario y una pequeña escuela para los niños de la zona.

‘Abdu’l-Bahá también intensificó sus esfuerzos para proteger a las poblaciones circundantes. Pidió a los agricultores bahá’ís del valle del río Jordán que aumentasen el rendimiento de sus cosechas y almacenasen una mayor cantidad de cereales en previsión de una futura escasez. Después del estallido de la guerra y la limitación de alimentos, se aseguró de que el trigo se distribuyera por toda la región. En julio de 1917, por ejemplo, visitó una granja en Adasiyyih, en la actual Jordania, durante quince días, coincidiendo con la cosecha de trigo y cebada. Hizo que se llevara el excedente en camello a la zona de ‘Akká-Haifa, afectada por la hambruna.

«La agonía colmaba Su alma ante el espectáculo de la carnicería humana provocada por el fracaso de la humanidad en responder al emplazamiento que Él había emitido, o en atender a los avisos que Él dio».


Shoghi Effendi

A lo largo de Su ministerio como cabeza de la Fe bahá’í, desde la ascensión de Bahá’u’lláh en 1892 hasta Su propio fallecimiento en 1921, ‘Abdu’l Bahá mantuvo correspondencia constante con los bahá’ís de todo el mundo. Pero durante la guerra, Sus contactos con quienes estaban fuera de Tierra Santa se vieron duramente restringidos.

Sin embargo, durante este tiempo, ‘Abdu’l Bahá asumió dos de Sus obras bien conocidas: A los que fueron fieles y Tablas del Plan Divino. La primera es una serie de charlas que dio durante la guerra, elogiando a 79 bahá’ís heroicos. La segunda es una serie de cartas, escritas en 1916 y 1917, que sentaron las bases para la difusión mundial de la Fe bahá’í.

Finalmente, durante la guerra, ‘Abdu’l Bahá reanudó las reuniones semanales en su casa, saludando calurosamente a los visitantes y reuniéndose con personas de todos los sectores de la sociedad, entre ellos a otomanos, británicos, alemanes y otras figuras militares y gubernamentales.

«La agonía colmaba Su alma ante el espectáculo de la carnicería humana provocada por el fracaso de la humanidad en responder al emplazamiento que Él había emitido, o en atender a los avisos que Él dio», escribió más tarde Shoghi Effendi sobre ‘Abdu’l Bahá durante este tiempo en Dios pasa.

Los lanceros indios marchan por Haifa después de haberla conquistado a los otomanos en septiembre de 1918 (Fotografía: Museo Británico de Guerra, al que se accede a través de Wikimedia Commons). Presentación
12 imágenes
Los lanceros indios marchan por Haifa después de haberla conquistado a los otomanos en septiembre de 1918 (Fotografía: Museo Británico de Guerra, al que se accede a través de Wikimedia Commons).

Tras la liberación de Haifa el 23 de septiembre de 1918, la ciudad vivía en un frenesí. ‘Abdu’l Bahá mantuvo una atmósfera de calma y dignidad mientras recibía un flujo continuo de visitantes entre los que se encontraban generales, oficiales, soldados y civiles. Las noticias de Su seguridad aliviaron a los bahá’ís en todo el mundo. Con el fin de la guerra, ‘Abdu’l Bahá pronto se encontraría con muchos más bahá’ís y otros visitantes del extranjero cuando las puertas de esa tierra sagrada se abrieron de nuevo.

Mientras Europa estaba jubilosa con el fin de la Gran Guerra y que una institución mundial estaba tomando forma como la Sociedad de Naciones, ‘Abdu’l Bahá escribió en enero de 1920:

«Los males que aquejan ahora al mundo se multiplicarán; las tinieblas que lo envuelven se ahondarán. Los Balcanes continuarán disconformes. La inquietud habrá de aumentar. Las potencias derrotadas seguirán agitando. Apelarán a cualquier medida que pueda avivar las llamas de la guerra».

Consciente de la amenaza de otra guerra, ‘Abdu’l Bahá mostró gran interés en los movimientos que trabajan por la paz. En 1919, por ejemplo, mantuvo correspondencia con la Organización Central para una Paz Duradera en La Haya, que le había escrito tres años antes. En un mensaje, al que se hace referencia como la Tabla de La Haya, ‘Abdu’l Bahá, al tiempo que alaba a la organización, también fue sincero al afirmar que la paz requeriría una profunda transformación de la conciencia humana y un compromiso con las verdades espirituales enunciadas por Bahá’u’lláh.

«En la actualidad, la paz universal es un tema de gran importancia, pero es esencial la unidad de conciencia, a fin de que los cimientos de este asunto sean estables; su establecimiento, firme, y su edificio, resistente —escribió ‘Abdu’l-Bahá en esa carta—. Hoy nada más que el poder de la Palabra de Dios que abarca las realidades de las cosas puede traer los pensamientos, las mentes, los corazones y los espíritus bajo la sombra de un solo Árbol».

En Su testamento, Bahá’u’lláh nombró a Su hijo mayor, ‘Abdu’l-Bahá, como intérprete autorizado de Sus enseñanzas y cabeza de la Fe bahá’í. Manteniendo la unidad como el principio fundamental de sus enseñanzas, Bahá’u’lláh estableció una Alianza o Pacto a través del cual Su religión no se dividiría en sectas después de Su fallecimiento. Por lo tanto, Bahá’u’lláh instruyó a Sus seguidores para que acudieran a ‘Abdu’l Bahá no solo como intérprete autorizado de los escritos bahá’ís, sino también como el ejemplo perfecto del espíritu y de las enseñanzas de la Fe.