La celebración de Naw-Ruz promueve la armonía

6 de abril de 2017

CENTRO MUNDIAL BAHÁ'Í — En agosto de 1868, Bahá’u’lláh y Sus compañeros llegaron por mar a la ciudad prisión de ‘Akká bajo un edicto otomano de destierro perpetuo. Su exilio hizo que la Tierra Santa se convirtiera en el corazón espiritual y administrativo del mundo bahá’í. Quienes sirven en el Centro Mundial Bahá’í han intentado desde aquellos primeros días ejemplificar, a través de su vida y trabajo, una conciencia de la unidad de la humanidad.

La celebración anual de Naw-Ruz, el Año Nuevo bahá’í, brindó la ocasión para reunir en espíritu de amistad a una gran diversidad de personas en el Centro Mundial Bahá’í. Además de la conmemoración en el propio Centro Mundial, se celebran al mismo tiempo una serie de recepciones en ‘Akká y Jerusalén.

Este año, el 24 de marzo, se reunieron autoridades locales, dirigentes de las religiones judía, musulmana y cristiana, así como representantes de la sociedad civil, en el casco antiguo de ‘Akká, en una antigua residencia histórica de ‘Abdu’l-Bahá, para una recepción de Naw-Ruz. Entre los 95 invitados se encontraban el alcalde de ‘Akká Shimon Lankry, el miembro del Knesset Zohrair Bahloul, el rabino jefe de la ciudad, un prominente jeque musulmán, el archimandrita ortodoxo griego, un reverendo católico y otros dirigentes de organizaciones religiosas y de la sociedad civil de la ciudad.

Sarah Vader, secretaria general adjunta de la Comunidad Internacional Bahá’í, abrió la celebración con palabras sobre el significado de Naw-Ruz para los bahá’ís y la importancia de reunirse para celebrar este día sagrado. «Naw-Ruz representa la renovación y la esperanza», declaró la Sra. Vader a continuación. Presentación
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Sarah Vader, secretaria general adjunta de la Comunidad Internacional Bahá’í, abrió la celebración con palabras sobre el significado de Naw-Ruz para los bahá’ís y la importancia de reunirse para celebrar este día sagrado. «Naw-Ruz representa la renovación y la esperanza», declaró la Sra. Vader a continuación.

Los participantes en la celebración intercambiaron buenos deseos con ocasión del Naw-Ruz y tuvieron la oportunidad de comentar una conocida cita de Bahá’u’lláh: «Este palmo de tierra no es sino una sola patria y una única morada. Os incumbe abandonar la vanagloria que provoca alienación y dirigir vuestros corazones hacia todo lo que asegure la armonía».

La recepción en Jerusalén reunió a un gran número de invitados para conmemorar la ocasión festiva del año nuevo. Sarah Vader, secretaria general adjunta de la Comunidad Internacional Bahá’í, abrió la celebración con comentarios sobre el significado de Naw-Ruz para los bahá’ís y la importancia de reunirse para celebrar este día sagrado.

«Para los bahá’ís, Naw-Ruz no es solo un evento del calendario. Más bien es una oportunidad para revitalizar los poderes del espíritu y reexaminar los asuntos del corazón y de la conciencia. Comienza con la idea de que la renovación en el mundo de la naturaleza es, de hecho, un símbolo de renovación espiritual y una ocasión para que el individuo se plantee cómo contribuir al bienestar material y espiritual de los demás», comentó después la Sra. Vader.

«Esta celebración anual es una ocasión para que los bahá’ís festejen el año nuevo con líderes gubernamentales, sociales y comunitarios, y para abrir un espacio para que personas de diversos orígenes se unan fraternalmente y celebren nuestro patrimonio común como familia humana», explicó.

Este año, la recepción fue también una oportunidad para reconocer el servicio público y las contribuciones a la convivencia del Excmo. Sr. Salim Joubran, Juez del Tribunal Supremo de Israel, que se jubila este año. El Juez Joubran, que creció y vive cerca de los lugares sagrados bahá’ís en ‘Akká y Haifa, sirvió en el Tribunal durante catorce años y defendió la convivencia y la justicia durante su carrera.

Al presentar al Juez Joubran durante el acto, Joshua Lincoln, secretario general de la Comunidad Internacional Bahá’í, comentó que «el concepto bahá’í de justicia en sus dimensiones espiritual, personal y social ocupa un lugar tan exaltado que se asocia con el nombre y el título de la institución administrativa suprema de la comunidad bahá’í, la Casa Universal de Justicia».