100 años después, conmemoración del llamamiento a la paz de ‘Abdu’l Bahá en la primera tabla a La Haya

18 de diciembre de 2019
Las tablas de ‘Abdu’l Bahá a La Haya perfilaron los fundamentos espirituales necesarios para la paz. La Comunidad Bahá’í de los Países Bajos está conmemorando su centenario.

LA HAYA, Países Bajos — Ayer 17 de diciembre, hace un siglo, ‘Abdu’l Bahá escribió lo que ha llegado a conocerse como la Primera tabla a La Haya, un análisis de los profundos cambios sociales necesarios para el logro de la paz internacional. Con motivo de esta ocasión, la Comunidad Bahá'í de los Países Bajos ha organizado el martes por la noche un acto conmemorativo especial en su Centro Nacional de La Haya.

Los asistentes —entre ellos líderes religiosos— discutieron temas tratados en las tablas a La Haya. «La paz está en el corazón de la humanidad y ‘Abdu’l Bahá en Su carta nos está ayudando a ver cómo podemos llegar a ella —explicó Marga Martens, representante de la Comunidad Bahá’í de los Países Bajos—. La paz es inevitable, pero tenemos que trabajar duro para alcanzar ese estado en el mundo».

Dirigiéndose al Comité Ejecutivo de la Organización Central para una Paz Duradera en La Haya, ‘Abdu’l Bahá escribe en las primeras líneas de la tabla: «Vuestra intención merece un millar de alabanzas, pues estáis sirviendo al mundo de la humanidad, y ello conduce a la felicidad y al bienestar de todos».

En la tabla, ‘Abdu’l Bahá explica que la paz requeriría una transformación de la conciencia humana y un compromiso con los principios espirituales fundamentales enunciados por Bahá’u’lláh, como la abolición de todas las formas de prejuicio, la armonía de la ciencia y la religión, y la igualdad de mujeres y hombres, entre otros.

Si bien una traducción al inglés de la primera mitad de la tabla se publicó en Selecciones de los Escritos de ‘Abdu’l Bahá en 1978, la traducción completa se preparó en mayo de este año y se presentó (en inglés) en la Biblioteca bahá'í de referencia.

Una cronología fotográfica recientemente publicada en un sitio web (en inglés) por Jelle y Adib de Vries en los Países Bajos arroja luz sobre los acontecimientos que rodearon las tablas de ‘Abdu’l Bahá a La Haya. El sitio web describe cómo dos bahá’ís en Irán, Ahmad Yazdani y ‘Ali-Muhammad Ibn-i-Asdaq, escribieron a ‘Abdu’l Bahá en 1915 sobre la Organización Central para una Paz Duradera. Los animó a hacer una presentación a la Organización de las enseñanzas bahá’ís sobre la paz. La Organización escribió a ‘Abdu’l Bahá en 1916, pero las comunicaciones en tiempos de guerra en Tierra Santa estaban bloqueadas.

Esta imagen de 1916 muestra la secretaría de la Organización Central para una Paz Duradera. ‘Abdu’l Bahá había mantenido correspondencia con la Organización en respuesta a las cartas que le había dirigido su Comité Ejecutivo. (Fotografía: bahaigeschiedenis.nl). Presentación
8 imágenes
Esta imagen de 1916 muestra la secretaría de la Organización Central para una Paz Duradera. ‘Abdu’l Bahá había mantenido correspondencia con la Organización en respuesta a las cartas que le había dirigido su Comité Ejecutivo. (Fotografía: bahaigeschiedenis.nl).

La carta de la Organización llegó a ‘Abdu’l Bahá en Haifa tres años más tarde, tras la Primera Guerra Mundial. ‘Abdu’l Bahá respondió inmediatamente, enviando al Sr. Yazdani y al Sr. Ibn-i-Asdaq para que entregaran Su mensaje en persona. De acuerdo con la investigación del Dr. de Vries, llegaron a La Haya en mayo de 1920 solo para descubrir que la Organización Central para una Paz Duradera estaba prácticamente disuelta.

Sin embargo, la Organización respondió al mensaje de ‘Abdu’l Bahá, pidiéndole que escribiera lo que se conoce como la segunda tabla a La Haya (en inglés). En ella afirma que «nuestro deseo de paz no procede únicamente del intelecto: es una cuestión de creencia religiosa y uno de los fundamentos eternos de la Fe de Dios».

El objetivo de la paz mundial está en el centro de la creencia bahá’í. En 1867 y 1868, Bahá’u’lláh dirigió una serie de tablas extraordinarias a los reyes y gobernantes del mundo, instándoles a dejar de lado sus diferencias, a establecer un sistema de seguridad colectiva y avanzar hacia el desarme, a defender la causa de la justicia, a mostrar el máximo cuidado y consideración por el bienestar y los derechos de los pobres, y a trabajar por una paz duradera.

De 1911 a 1913, ‘Abdu’l Bahá habló extensamente durante su gira por Europa y Norteamérica sobre el imperativo de la paz y advirtió que Europa estaba al borde de la guerra.

En una carta fechada el 28 de noviembre de 1931, Shoghi Effendi afirma que la unidad de la humanidad «Requiere nada menos que la reconstrucción y la desmilitarización de todo el mundo civilizado, un mundo orgánicamente unificado en todos los aspectos esenciales de su vida…».

En octubre de 1985, la Casa Universal de Justicia redactó un mensaje significativo sobre el tema de la paz mundial, conocido como La Promesa de la Paz Mundial. En enero de este año, la Casa de Justicia también publicó un mensaje sobre los desafíos contemporáneos a los que se enfrenta la humanidad, en el que se afirma que «El establecimiento de la paz es un deber al que está llamado todo el género humano». La Casa de Justicia afirma además que «aunque la unidad mundial sea posible —más bien, inevitable— esta no puede lograrse, en última instancia, sin la aceptación incondicional de la unicidad de la humanidad».

«La unidad, en su expresión bahá’í, contiene el concepto esencial de diversidad, distinguiéndola de la uniformidad —escribe la Casa de Justicia—. Es mediante el amor hacia todas las personas, y subordinando lealtades menores a los mejores intereses de la humanidad, como puede lograrse la unidad del mundo y como alcanzan su máxima plenitud las infinitas expresiones de la diversidad humana».

Esta es una imagen de ‘Abdu’l Bahá, caminando ante Su domicilio en la calle Haparsim en Haifa en 1920, el mismo año en que se entregó la primera tabla a La Haya a la Organización Central para una Paz Duradera. Presentación
8 imágenes
Esta es una imagen de ‘Abdu’l Bahá, caminando ante Su domicilio en la calle Haparsim en Haifa en 1920, el mismo año en que se entregó la primera tabla a La Haya a la Organización Central para una Paz Duradera.